La Tragantía: donde Koldo convertía mariscos en facturas para Ferraz
El exasesor Koldo García pasó al PSOE facturas mensuales de hasta 3.000 euros en comidas en un restaurante madrileño donde fraguaba acuerdos opacos con empresarios
En el corazón político de Chamartín, entre mariscos y reservados, se escribía —en servilletas o en silencio— una de las páginas más oscuras de la reciente historia política española. Koldo García Izaguirre, exasesor de José Luis Ábalos, convirtió el restaurante La Tragantía en su cuartel general oficioso durante su etapa en el Ministerio de Transportes, según revela una investigación de THE OBJECTIVE.
Mientras el PSOE gestionaba la pandemia, la mesa del reservado de La Tragantía se transformaba en un despacho alternativo, sin registros ni secretarias, donde el poder se negociaba con cuchara y tenedor. Hasta 3.000 euros mensuales en gastos de representación se cargaron a la contabilidad socialista, con facturas regulares que recogían comidas, cenas e invitaciones, muchas de ellas, según testigos, a empresarios del sector público y privado.
Una «oficina personal» para la corrupción estructurada
Según las fuentes del diario, Koldo se instaló en una mesa siempre reservada del local, donde celebraba reuniones casi a diario con colaboradores, contratistas y —en más de una ocasión— con el propio José Luis Ábalos. La factura más reciente revelada data de julio de 2021, por un importe de 2.520 euros, ingresada justo 15 días después de la destitución del exministro por parte de Pedro Sánchez.
«Era como su despacho. Nunca se movía de ahí», afirman testigos presenciales del restaurante, ubicado a pocos metros del Parque Móvil de la Guardia Civil, lo que facilitaba, según los investigadores, encuentros regulares con mandos del instituto armado.
Comidas, sobres y silencio: el método Koldo
La Tragantía no fue un simple restaurante: fue un epicentro estratégico para lo que hoy los medios y la justicia investigan como una red organizada de tráfico de influencias, comisiones ilegales y contratos inflados. Un empresario colaborador de la causa relató a THE OBJECTIVE cómo en ese mismo salón privado se producían intercambios de sobres, algunos de los cuales fueron entregados «entre Koldo y empresarios» sin dejar constancia documental.
El nombre de Víctor de Aldama, el llamado "conseguidor", y de Pepe Ruz, propietario de LIC —empresa que recibió 128 millones de euros en contratos— también aparecen asociados a este enclave, donde se articulaba lo que se ha dado en llamar el grupo acelerador, presuntamente implicado en sobornos a cambio de adjudicaciones.
Pagos sin límites y correos internos en Ferraz
Uno de los elementos más comprometedores es la existencia de correos electrónicos internos del PSOE que acreditan pagos sistemáticos por importes anuales acumulados de decenas de miles de euros. En uno de esos correos, Juan Manuel Rojo Valverde, entonces responsable de administración socialista, detalla:
“Con fecha de hoy también se ha pagado a La Tragantía 2.520 euros. El anterior pago ya se realizó por 2.805,32 euros… más Tragantía por 840”.
La nota finaliza señalando que se tuvieron que “repartir en varias liquidaciones” las facturas de Ábalos por su elevada cuantía.
De los mariscos a la marisquería low cost
Tras la caída de Ábalos en julio de 2021, la trama desplazó su base operativa a La Chalana, una cadena más económica. Sin embargo, el modus operandi —encuentros con empresarios, comidas pagadas con fondos públicos o partidistas, y decisiones administrativas bajo sospecha— no cambió en esencia.
Un entorno «seguro» bajo el radar de la UCO
Paradójicamente, el reservado de La Tragantía decorado con escudos de la Guardia Civil y la UCO, fue el lugar elegido por la trama que ahora investiga esa misma unidad policial. Las fuentes revelan que Ábalos, en más de una ocasión, habría coincidido con miembros del cuerpo que ahora lo investiga.
El caso, cada vez más documentado, apunta no solo a un uso indebido de recursos públicos, sino a una estructura de corrupción profundamente enraizada en el entorno del exministro. Las piezas del puzle —restaurantes, correos, contratos, empresas, asesores y sobres— configuran un retrato inquietante de la degradación institucional bajo una fachada de normalidad administrativa.
La investigación sigue abierta y la documentación crece. Pero si algo ha quedado claro, es que La Tragantía fue mucho más que un restaurante: fue el comedor privado del poder oscuro, y quizá, el lugar donde comenzó el principio del fin para varios protagonistas del actual escenario político.