El Comité Federal del PSOE pretendía blindar a Sánchez, pero el escándalo Salazar le estalla en Ferraz
El Comité Federal del PSOE, convocado para consolidar la nueva estructura orgánica del partido y blindar el liderazgo de Pedro Sánchez, ha quedado eclipsado por una crisis interna de inesperada magnitud. La renuncia de Francisco "Paco" Salazar a su nombramiento como adjunto a la Secretaría de Organización ha supuesto un giro inesperado en el curso de los acontecimientos políticos del fin de semana.
Designado como uno de los miembros del núcleo duro del nuevo organigrama del PSOE, Paco Salazar dimitió este sábado, antes de asumir oficialmente el cargo, tras la publicación de diversas informaciones que lo señalan por presunto acoso sexual y abuso de poder. Las acusaciones, reveladas por eldiario.es y confirmadas posteriormente por diversos medios, describen un patrón de comportamiento reiterado que habría afectado a mujeres trabajadoras vinculadas al partido.
Salazar habría enviado mensajes personales de contenido inapropiado, realizado comentarios sobre la apariencia física de sus subordinadas y propuesto encuentros personales fuera del entorno laboral. Estos actos se produjeron, presuntamente, en un contexto de subordinación jerárquica, generando una relación laboral desequilibrada, especialmente para las mujeres que rechazaron sus avances y que, según una de las denunciantes, habrían sufrido consecuencias profesionales como represalias veladas.
Fractura en el liderazgo socialista
La repercusión de este episodio ha sido inmediata y contundente. En pleno proceso de renovación interna del PSOE, que debía sellarse con el Comité Federal celebrado en Ferraz, el escándalo Salazar ha desviado la atención y generado un fuerte malestar entre dirigentes y militancia. Mientras figuras como Pilar Alegría, portavoz del Gobierno, defendían públicamente la integridad de Salazar, otras como Adriana Lastra se desmarcaron con firmeza, rechazando el nombramiento y pidiendo explicaciones claras.
Este choque interno ha reavivado viejas tensiones dentro del partido, exponiendo la dificultad del liderazgo actual para gestionar las crisis desde una perspectiva unificada. Las declaraciones de dirigentes como Miguel Ángel Gallardo, quien limitó su posición a un condicional “si fuera así, tolerancia cero”, han sido interpretadas por algunos sectores como falta de claridad y firmeza ante hechos que afectan directamente al discurso feminista que el partido ha promovido en los últimos años.
Ferraz responde con investigación interna
El propio Salazar ha solicitado formalmente al partido la apertura de diligencias previas de información, solicitud que la Comisión Ejecutiva Federal ha aceptado de inmediato. Sin embargo, el daño político ya estaba hecho. El impacto de esta renuncia no sólo ha desbaratado la imagen de renovación cohesionada que Sánchez pretendía proyectar, sino que ha sembrado nuevas dudas sobre los procesos internos de selección y promoción de cargos.
Desde la sede del partido en Ferraz se ha confirmado que Salazar no asumirá el puesto. Junto a él, también han sido apartados otros miembros próximos al secretario de Organización saliente, Santos Cerdán, incluyendo a Juanfran Serrano, Alfonso Cendón y Esther Peña. Como sustituta, ha sido confirmada Rebeca Torró, actualmente secretaria de Estado de Industria, quien liderará la Secretaría de Organización acompañada de tres nuevos perfiles: Anabel Mateos, Borja Cabezón y, en principio, Salazar, cuyo nombramiento ya no se concretará.
La respuesta del presidente: silencio estratégico
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha evitado hacer declaraciones públicas sobre el caso. La prensa ha documentado su entrada en la sede de Ferraz por el garaje, esquivando a los medios. Esta estrategia, consistente en evitar confrontaciones directas mientras se despliegan medidas internas paliativas, parece destinada a minimizar el desgaste mediático e institucional.
No obstante, la falta de explicaciones directas por parte de la dirección socialista en este tipo de crisis continúa alimentando críticas desde dentro y fuera del partido. En su comparecencia parlamentaria prevista para el próximo 9 de julio, Sánchez deberá enfrentarse a un escenario más inestable del que anticipaba al convocar este proceso de renovación.