primarias amañadas

Sánchez ordenó “hacer lo que fuese necesario” para tumbar a Susana Díaz en las primarias andaluzas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, participa en una mesa redonda en la Cumbre de la ONU. / Rocío Ruz
La operación, diseñada desde Ferraz, buscaba consolidar el liderazgo sanchista eliminando a Susana Díaz del mapa político andaluz

Las primarias del PSOE andaluz de junio de 2021 no fueron simplemente una pugna interna por el liderazgo territorial. Según informa Vozpópuli, constituyeron, en realidad, un dispositivo político cuidadosamente orquestado desde la cúpula del partido para consolidar el dominio del sanchismo y desactivar a su entonces principal contrincante interna: Susana Díaz. En el centro de la operación estuvieron José Luis Ábalos, Santos Cerdán —ambos hoy fuera del PSOE y bajo investigación judicial por corrupción— y Gómez de Celis, actual vicepresidente segundo del Congreso.

Un mandato directo desde Moncloa

De acuerdo con el artículo, el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, habría dado la instrucción explícita de "hacer lo que fuese necesario" para garantizar la victoria de Juan Espadas, entonces alcalde de Sevilla y candidato oficialista. Bajo ese mandato se desplegó una maquinaria de captación de militancia express, inflando censos con personal de empresas públicas como Lipasam, recurriendo a dirigentes vecinales y empleando certificaciones municipales para validar afiliaciones fuera de plazo.

Estos hechos, aunque documentados en su momento por cargos orgánicos como Carmelo Gómez, fueron inadmitidos sistemáticamente por Ferraz, y el proceso siguió adelante hasta la victoria de Espadas con un 55% de los votos.

Una estructura de partido utilizada para maniobras orgánicas

La táctica, según el reportaje, no se limitó a la provincia de Sevilla. Agrupaciones en Jaén, Granada, Almería y Córdoba también habrían registrado alteraciones en sus censos, siempre con el objetivo de reducir la influencia del sector afín a Díaz. En palabras del entorno de la expresidenta andaluza, las maniobras no solo condicionaron el resultado sino que causaron deserciones internas y "bajas voluntarias" entre cuadros que no aceptaron participar en lo que percibieron como una operación injusta.

El propio Santos Cerdán, hoy en prisión provisional por su implicación en la trama de mordidas del caso Koldo, viajó repetidamente a Sevilla durante la campaña de primarias, dedicándose a sostener reuniones con agrupaciones clave, con especial foco en el distrito de Triana, bastión de Susana Díaz. Su presencia en el territorio fue, según varias fuentes, constante y determinante.

Un precedente de desinstitucionalización interna

El uso de instrumentos del Estado local y municipal —como certificados de recursos humanos emitidos por empresas públicas— para alterar un proceso electoral partidario plantea una deriva preocupante en términos de calidad democrática interna. Según se recoge, fue la Secretaría de Organización federal, primero en manos de Ábalos y luego de Cerdán, quien validó formalmente las altas de afiliación con irregularidades evidentes, incluso cuando éstas provenían de zonas sin tradición socialista o desde distritos inconexos.

Este patrón de acción, hoy revisitado bajo una nueva luz tras los escándalos de corrupción que afectan a los mismos protagonistas, reabre el debate sobre la legitimidad de las estructuras de poder que sostienen al actual liderazgo del PSOE. La ausencia de autocrítica interna, sumada al hecho de que Ferraz rechazó todas las denuncias presentadas en 2021, dificulta cualquier intento por desvincular el pasado reciente de la crisis institucional actual.

"Todavía me remueve": silencio estratégico de Susana Díaz

Consultada por Vozpópuli, Susana Díaz ha declinado valorar los hechos, alegando que la experiencia la afectó "profundamente en lo personal y lo político". Su escueta reflexión deja entrever que, para una parte del partido, lo ocurrido no ha sido ni olvidado ni reparado.

A las puertas de un comité federal crucial para el futuro del PSOE, estas revelaciones colocan al partido ante su propio espejo. No se trata únicamente de una batalla del pasado, sino de la continuidad o ruptura con una cultura política de instrumentalización partidaria, donde el aparato sustituye al debate, y la afiliación, al escrutinio.