política

La encrucijada de Sánchez: sin apoyo de su coalición ni garantía del PP

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la clausura del acto institucional con motivo del Día Internacional de las Mujeres. / Eduardo Parra
Sumar, Podemos, Bildu y ERC han dejado claro que no respaldarán un refuerzo del presupuesto de defensa 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, enfrenta una paradoja política autoinducida: durante años ha cultivado una base de votantes y aliados que rechazan el gasto militar, pero ahora se ve forzado por la realidad internacional a incrementar la inversión en defensa, tal como exigen sus compromisos con la UE y la OTAN.

El problema para Sánchez no es solo la necesidad de cumplir con sus obligaciones internacionales, sino el colapso de su propia coalición ante la perspectiva de rearmar España. Sumar se desmarca, Podemos lo ataca frontalmente, ERC y Bildu rechazan cualquier refuerzo en defensa, y la extrema izquierda lo acusa abiertamente de ser un "señor de la guerra".

Frente a este vacío de apoyos, Sánchez se ve obligado a girarse hacia el PP, el partido al que ha dedicado años de hostilidad política, acusándolo de ser su principal enemigo. La pregunta es: después de tanto demonizarlo, puede ahora esperar colaboración?

Los socios de Sánchez: cuando la ideología choca con la realidad

Los aliados naturales del PSOE han sido siempre fuerzas políticas que rechazan cualquier tipo de fortalecimiento militar. Ahora, esas mismas formaciones lo dejan solo cuando Europa exige un aumento del gasto en defensa.

  • Sumar se aleja de la propuesta y declara que "la autonomía estratégica europea no puede recaer sobre la clase trabajadora".
  • Izquierda Unida, más tajante, tacha la idea de "ridícula" y advierte que no quiere ser "el tonto útil" de EE.UU.
  • Bildu, coherente con su tradición política, rechaza cualquier escalada armamentística.
  • ERC y el BNG, históricos opositores al gasto militar, mantienen su negativa.
  • Podemos, en su afán de distanciarse de Sumar, intensifica su ataque, con Ione Belarra acusando a Sánchez de ser un "señor de la guerra".

El escenario es claro: Sánchez no tiene respaldo a su izquierda.

La encrucijada de Sánchez: buscar el apoyo del PP

Con la izquierda en plena desbandada, Sánchez se ve forzado a dialogar con el PP. Pero aquí es donde su estrategia política de los últimos años se vuelve en su contra.

Desde que el PSOE formó gobierno con los partidos independentistas y la extrema izquierda, se ha dedicado a levantar un "muro" contra el PP, tratando a Feijóo como un enemigo irreconciliable. Ha aprobado leyes clave con Bildu y ERC, ha reformado el Código Penal para reducir penas a los líderes del procés, y ha ninguneado a la oposición en todas las negociaciones políticas relevantes.

Ahora, pretende sentarse con el PP y pedir su colaboración.

El problema es que en política, como en la vida, las relaciones importan. Sánchez ha tratado al PP con un nivel de desprecio e insulto institucionalizado que difícilmente puede deshacerse en una única reunión.

  • El PP no ve con buenos ojos que se les dé el mismo trato que a Bildu, un partido con un historial de oposición al Estado español.
  • Feijóo ha dejado claro que no servirá de muleta para un gobierno que lo ha excluido de todos los debates nacionales.
  • El PP exigirá garantías, transparencia y un compromiso serio antes de considerar cualquier respaldo.

El resultado es que Sánchez se encuentra en una trampa que él mismo construyó: su retórica de exclusión lo ha dejado sin aliados naturales, y ahora depende de aquellos a los que ha despreciado.

¿Qué puede hacer Sánchez ahora?

El Gobierno ha optado por una estrategia de "poner las cartas sobre la mesa", pero sin presentar un plan concreto de gasto militar. Es decir, Sánchez busca "compartir información" con el PP, pero sin comprometerse a un acuerdo formal.

Esto sugiere dos cosas:

  1. Que el Gobierno no tiene claro aún cómo financiar este aumento del gasto en defensa.
  2. Que Sánchez busca diluir su responsabilidad política ante su electorado, tratando de hacer que el PP asuma parte del coste político de una decisión que su propia base rechaza.

Pero Feijóo no tiene ningún incentivo en salvar a Sánchez. Sabe que cualquier respaldo al Gobierno solo servirá para fortalecer a un PSOE que ha demostrado no ser un socio confiable.

El líder del PP exigirá más tiempo y más información, lo que implica que este proceso se alargará y será más complicado de lo que Sánchez desea.

El dilema de Sánchez no es solo una cuestión de gasto militar. Es la consecuencia de años de polarización política, de haber construido un bloque de poder basado en la exclusión de la mitad del país.

Ahora, cuando la realidad geopolítica lo obliga a buscar apoyos más allá de su coalición, se encuentra con las puertas cerradas. Sus socios lo abandonan, y el único partido que podría ayudarlo no tiene razones para hacerlo. En política, la coherencia importa. Y hoy, Pedro Sánchez está pagando el precio de su falta de ella.