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El precio del poder: estas son todas las concesiones de Sánchez a los separatistas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. / Eduard Parra
Cataluña avanza en su autogobierno mientras el Gobierno desmantela la unidad del Estado

Pedro Sánchez ha cimentado su liderazgo sobre un principio inmutable: la supervivencia política ante cualquier coste. Desde su llegada a la Moncloa en 2018, su estrategia ha sido clara: mantenerse en el poder no a través de un proyecto de Estado, sino mediante la concesión sistemática de privilegios a los separatistas, comprando su apoyo en el Congreso a cambio de cesiones que han debilitado el orden constitucional.

El último capítulo de esta estrategia quedó plasmado con la cesión de competencias en inmigración a la Generalitat de Cataluña, lo que otorga a la administración autonómica la facultad de gestionar los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) y tramitar expulsiones. Se trata de un acuerdo sin precedentes en la historia democrática de España, que da a un gobierno regional capacidades propias de un Estado, reforzando la narrativa independentista y socavando la unidad nacional.

Pero esta cesión no es más que la punta del iceberg de una serie de concesiones que han ido configurando una España donde el poder ya no se negocia con los ciudadanos, sino con las élites secesionistas.

Un historial de cesiones sin precedentes

El modelo de gobernabilidad de Sánchez se ha basado en una transacción constante: concesiones a los nacionalistas a cambio de su apoyo parlamentario. Este enfoque ha permitido al PSOE mantenerse en el poder a pesar de no contar con mayorías suficientes para gobernar sin alianzas.

Entre las más recientes y significativas destacan:

  • Perdón de 17.000 millones de euros de deuda a Cataluña. Un rescate encubierto a la Generalitat, que se presentó como una "condonación de deuda", pero que en la práctica supone un agravio comparativo con otras comunidades que han gestionado sus cuentas con mayor responsabilidad.

  • Cesión de los trenes de cercanías. Transferencia de la gestión de Rodalies a la Generalitat, una reivindicación histórica del independentismo que refuerza su control sobre las infraestructuras esenciales del Estado.

  • Ley de amnistía para los líderes del procés. Una medida sin parangón en Europa, donde un gobierno decide borrar los delitos de quienes desafiaron el orden constitucional, con el único fin de garantizar su apoyo en el Congreso.

  • Creación de un mediador internacional en las negociaciones con Junts. Un gesto de humillación institucional que equipara a un gobierno legítimo con un movimiento secesionista, tratándolos como dos partes en conflicto, bajo la supervisión de un intermediario extranjero.

  • Indultos a los líderes independentistas. Concedidos en 2021, marcaron el punto de inflexión en la relación entre el Gobierno y los separatistas. Lo que debía ser una medida excepcional se convirtió en una carta blanca para que los condenados volvieran a la política sin asumir responsabilidad alguna.

El precio del chantaje: de Cataluña al País Vasco

Pero Sánchez no solo ha comprado el apoyo del separatismo catalán. También ha pagado el precio impuesto por los nacionalistas vascos, tanto del PNV como de Bildu.

  • Gestión de las prisiones vascas. En 2021, el Gobierno transfirió la gestión penitenciaria al Ejecutivo vasco, lo que facilitó el acercamiento de presos de ETA a cárceles del País Vasco. Una concesión que fue leída por las víctimas del terrorismo como una traición histórica.

  • Eliminación de la Guardia Civil de Navarra. En diciembre de 2023, el BOE publicaba la expulsión de la Guardia Civil de Tráfico en Navarra, cumpliendo así con una de las exigencias de Bildu. Una medida simbólica pero de gran carga política, que refuerza el discurso nacionalista de que España es una presencia ajena en esas regiones.

  • Oficialidad de las selecciones vascas. En 2022, el Gobierno accedió a que las selecciones vascas de pelota y surf pudieran competir internacionalmente bajo su propia bandera, un paso más en la estrategia independentista de construir una identidad nacional separada de España.

  • Entrega de un palacete en París al PNV. En 2024, el Gobierno aprobó la cesión de un inmueble de 15 millones de euros al PNV en la capital francesa, un símbolo del poder de los nacionalistas vascos para obtener beneficios a cambio de su apoyo.

La estrategia del separatismo: la paciencia y la acumulación de poder

Si hay algo que ha caracterizado a los movimientos secesionistas en España es su visión a largo plazo. Mientras que el Gobierno central piensa en ciclos electorales de cuatro años, los independentistas trabajan con horizontes de décadas.

Cada cesión obtenida es un peldaño más en la escalera hacia su objetivo final: la autodeterminación. La amnistía, la cesión de competencias clave, la expulsión de las instituciones del Estado y el debilitamiento del orden constitucional son piezas de un mismo plan.

El independentismo catalán ya está moviendo ficha para la próxima gran demanda: el control de la justicia y un referéndum pactado. Y, a la luz de los acontecimientos, no hay indicios de que el PSOE tenga intención de poner freno a este proceso.

Un país debilitado, un gobierno en crisis

La España que está dejando Pedro Sánchez es una nación fragmentada, con regiones donde el Gobierno central es cada vez más irrelevante y donde las estructuras del Estado han sido debilitadas para satisfacer a minorías nacionalistas.

En este escenario, el gran perdedor es el ciudadano español.

  • Porque su voto ya no define el rumbo del país; lo hacen los pactos en despachos cerrados.

  • Porque su seguridad jurídica se ha visto erosionada, con leyes hechas a medida para beneficiar a quienes quebrantaron el orden constitucional.

  • Porque los principios de igualdad y unidad nacional han sido sacrificados en el altar de la supervivencia política.

Sánchez ha optado por la estrategia del cortoplacismo extremo, con la esperanza de que la opinión pública no perciba la magnitud de la erosión institucional que su Gobierno está provocando.

Pero la historia tiene su propia lógica. Y la España que hoy se vende para sostener un Gobierno puede ser la España que mañana sea imposible de recuperar.