POLÍTICA

Page estalla contra Sánchez: "Se tiene que gobernar con límites. No vale todo»

El presidente autonómico, Emiliano García-Page. / PIEDAD LÓPEZ

El presidente de Castilla-La Mancha acusa al Gobierno de claudicar ante Junts y dinamitar cualquier Pacto de Estado en inmigración

En política, los valores son la brújula que separa el ejercicio legítimo del poder de su degeneración en mero oportunismo. Cuando esa brújula se rompe, lo que queda no es gobierno, sino transacción. Y pocas veces hemos asistido a una descripción más descarnada de esa rendición moral que la que ofrece Emiliano García-Page, según publica El Debate, al calificar como «racista» y «muy de extrema derecha» el reciente pacto migratorio entre Pedro Sánchez y Junts.

Resulta irónico, aunque no sorprendente, que la denuncia más severa contra los acuerdos del Gobierno provenga, no de la oposición, sino del seno mismo del PSOE. Como señala Page, no es posible cerrar un trato de estas características «sin vender tus valores, sin caer en la hipocresía de haber hecho lo contrario de lo prometido». Así, quien llegó al poder envolviéndose en las banderas de los derechos humanos y la igualdad, hoy negocia con la lógica del identitarismo más excluyente, donde la inmigración se convierte en moneda de cambio al servicio de la causa nacionalista.

Un acuerdo indigno y disgregador

Según relata El Debate, Page acusa al Gobierno de haber arrojado por la borda cualquier posibilidad de un Pacto de Estado sobre inmigración, dinamitando la coordinación nacional y subordinando la gestión de fronteras a los intereses de un prófugo de la justicia como Carles Puigdemont. ¿El resultado? Un país fragmentado, con comunidades autónomas manejando criterios propios sobre quién entra y quién no, y sobre qué lengua debe hablar el recién llegado para ser considerado digno de residencia.

Que un gobierno que se proclama progresista acuerde ceder el control migratorio a quienes condicionan la integración a la lengua y la etnia no es solo una contradicción programática. Es la demostración de que Sánchez ha abandonado cualquier principio rector, dispuesto a concederlo todo mientras garantice su permanencia en La Moncloa.

«No se puede gobernar a cualquier precio»

La advertencia de Page, recogida en El Debate, va más allá del presente acuerdo. Nos habla de un fenómeno mayor: la conversión de la gobernabilidad en un fin absoluto, sin límite ético alguno. «Se tienen que gobernar con límites. No vale todo», recalca. Pero todo indica que, para el presidente del Gobierno, sí vale.

Una mayoría construida sobre la suma de fragmentos radicalizados, cada uno exigiendo su tributo, solo puede sostenerse a costa de erosionar las bases mismas del Estado. La delegación de competencias críticas —como la inmigración— a gobiernos autonómicos cuyo proyecto explícito es la ruptura nacional, no fortalece al país: lo disuelve.

Entre la deslealtad y la impostura

Lo más alarmante de este episodio no es únicamente su fondo —la claudicación ante el separatismo—, sino la desfachatez con la que se presenta como una política progresista. Como recuerda Page en su intervención, el PSOE concurrió a las elecciones con un programa diametralmente opuesto a lo que ahora ejecuta. Y, sin embargo, se pretende que aceptemos esta metamorfosis como si fuera fruto de una evolución natural y no de una estrategia desesperada por retener el poder a cualquier precio.

El caso de la inmigración no será el último. El nacionalismo siempre demanda más porque su lógica es expansiva: si hoy obtiene el control migratorio, mañana exigirá la fiscalidad plena; pasado mañana, la justicia propia; y, al final, la autodeterminación. Y todo con el sello de aprobación de un gobierno que, para mantenerse, parece dispuesto a convertirse en notario de su propia disolución.