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«Mi mujer y mi hermano son inocentes»: Sánchez intenta defenderse de su corrupción

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante los medios de comunicación. / Borja Puig de la Bellacasa

El PSOE insiste en que “no hay caso”, aunque en privado reconoce la gravedad política de ver a dos familiares directos del presidente sentados en el banquillo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, convirtió su comparecencia en Nueva York, tras la participación de España en la Asamblea General de Naciones Unidas, en un alegato político en defensa de su entorno familiar. Lejos de limitarse a hacer balance de la agenda internacional, Sánchez lanzó un mensaje rotundo: «Mi mujer y mi hermano son inocentes».

El jefe del Ejecutivo se refirió así a las causas judiciales que afectan tanto a Begoña Gómez, investigada por presuntos delitos de corrupción y malversación, como a su hermano David Sánchez, procesado por un supuesto cargo «a medida» en la Diputación de Badajoz. Consciente del impacto mediático de los autos judiciales, el presidente elevó el tono y aseguró que «el tiempo pondrá las cosas en su sitio» y que corresponde a su Gobierno y a él mismo «defender la verdad frente a la persecución».

Un discurso con destinatarios múltiples

La declaración del presidente no fue improvisada. Según su entorno, estaba diseñada para enviar un mensaje directo al juez instructor, a la oposición y también a los medios de comunicación. «Espero que cuando la Justicia confirme la inocencia de mi mujer y de mi hermano, esa decisión tenga la misma repercusión mediática que los autos de ahora», subrayó Sánchez, en clara alusión a la cobertura informativa de las últimas semanas.

En Moncloa se repite como un mantra la idea de que todo el proceso contra la familia del presidente «nació de un bulo, de una denuncia política y de recortes de prensa». En privado, asesores del Ejecutivo hablan ya de un «caso Peinado», en referencia al juez que instruye las piezas contra Begoña Gómez. Para el presidente y su equipo, lo que está en marcha no es una investigación judicial normal, sino «una operación de acoso y derribo» que busca desgastar al Gobierno y desestabilizar al PSOE.

«No hay caso»

La frase que repiten en Ferraz y que Sánchez volvió a esgrimir en Nueva York es clara: «No hay caso». Para el líder socialista, los autos que afectan a su familia no son más que resoluciones procesales de trámite que acabarán siendo archivadas. No obstante, en la propia dirección del PSOE se admite que el daño político es ya considerable: dos familiares directos del presidente han sido enviados a juicio oral en apenas 48 horas.

El propio Sánchez fue consciente del riesgo político que asumía con su declaración: lejos de marcar distancias, optó por asumir la defensa directa de sus allegados. «No me limito a poner la mano en el fuego, afirmo con toda claridad que son inocentes», insistió. Para algunos dirigentes socialistas, estas palabras suponen una «autoabsolución preventiva», un gesto inédito en un presidente de Gobierno en ejercicio.

Estrategia internacional

El lugar escogido no fue casual. Sánchez eligió el escenario internacional de la ONU para lanzar este mensaje, consciente de que allí podía proyectar la imagen de un dirigente acosado por «vendettas internas», pero al mismo tiempo firme y con proyección internacional. Su objetivo era claro: internacionalizar su relato y buscar complicidad en un foro donde los ecos de la política doméstica española suenan más lejanos.

La estrategia del Gobierno pasa por reforzar la idea de que tanto Gómez como David Sánchez «son víctimas de una campaña de persecución» y que, finalmente, la Justicia confirmará su inocencia. «La verdad acabará imponiéndose», dijo el presidente, convencido de que la opinión pública terminará dándole la razón.

Una Moncloa noqueada

A pesar de la contundencia de las palabras de Sánchez, en su propio partido no esconden la preocupación. El desgaste interno es evidente y algunos dirigentes hablan ya de «aires de fin de ciclo». En el Congreso, los tiempos de los autos judiciales —uno publicado media hora antes del Consejo de Ministros y otro coincidiendo con el control al Gobierno— han sido interpretados en Moncloa como una maniobra calculada para aumentar la presión sobre el Ejecutivo.

Sánchez, sin embargo, se muestra convencido de que superará esta crisis. «Defenderemos la verdad», reiteró en varias ocasiones, dejando claro que no piensa ceder a las presiones externas ni a los rumores sobre su posible desgaste político.