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Montero evita aclarar si su ministerio benefició a Víctor de Aldama

La vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, interviene durante un pleno en el Congreso de los Diputados. / Eduardo Parra
La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha evitado responder en el Congreso si su departamento mantuvo reuniones con el comisionista Víctor de Aldama o si facilitó el aplazamiento de su deuda millonaria

En política, el silencio rara vez es un signo de prudencia. Más bien, suele ser una táctica calculada cuando la respuesta a una pregunta comprometedora sería más perjudicial que el coste de evitarla. Ayer, en la sesión de control al Gobierno en el Congreso de los Diputados, la ministra de Hacienda y vicepresidenta primera del Ejecutivo, María Jesús Montero, recurrió precisamente a esta estrategia al negarse a aclarar si mantuvo reuniones con el comisionista Víctor de Aldama o si tenía conocimiento de sus gestiones dentro del Ministerio de Hacienda.

La información publicada por The Objective ya ha revelado que Aldama, figura clave en la trama de corrupción que ha salpicado al PSOE, contó con favores dentro del Ministerio de Hacienda, incluido el aplazamiento de una deuda millonaria mediante gestiones irregulares. A pesar de ello, Montero optó por esquivar las preguntas del Partido Popular con una maniobra evasiva: reprochar la formulación de la interpelación y redirigir la cuestión hacia una defensa genérica de la labor de los funcionarios de su departamento.

Sin embargo, la táctica del silencio no puede ocultar la pregunta fundamental: ¿hasta qué punto está implicado el Ministerio de Hacienda en el entramado de favores y prebendas a los empresarios afines al poder socialista?

Un interrogatorio incómodo y una respuesta inexistente

El diputado del Partido Popular, Elías Bendodo, planteó su pregunta de forma directa:

“¿Conocía usted al señor Aldama? ¿Ha habido reuniones en su ministerio con usted o con su equipo con el señor Aldama?”

Pero la ministra no respondió. En lugar de ello, desvió la cuestión criticando el planteamiento de la pregunta y acusó al PP de intentar desprestigiar al Ministerio de Hacienda.

Este tipo de evasivas no solo resultan sospechosas, sino que refuerzan la percepción de que el Gobierno tiene algo que ocultar. Si Montero nunca se reunió con Aldama ni tuvo conocimiento de las gestiones en su favor, habría sido más sencillo responder con un “no” rotundo. Sin embargo, al evitar la respuesta, dejó en el aire la duda de hasta qué punto su departamento facilitó los movimientos del comisionista.

Según la información de The Objective, el Ministerio de Hacienda conocía desde 2021 que un socio de Aldama operaba con una empresa sin licencia y permitía irregularidades en materia tributaria. A pesar de ello, se le concedieron facilidades para el aplazamiento de una deuda de 500.000 euros, sin los requisitos ordinarios que se exigen a cualquier otro ciudadano o empresa.

Esto sugiere que la trama de corrupción vinculada al caso Koldo no se limitaba únicamente a contratos fraudulentos con mascarillas, sino que se extendía a mecanismos de influencia dentro de la administración pública para favorecer a determinados empresarios cercanos al poder.

El historial de contradicciones de Montero

El problema de María Jesús Montero no es solo su negativa a responder en el Congreso. El verdadero dilema radica en su historial de cambios de posición y contradicciones, que han minado su credibilidad a lo largo de los años.

Tal como recordó Bendodo en su intervención:

  • Montero negó en su momento que el jefe de su gabinete hubiera realizado gestiones para favorecer a Aldama. Sin embargo, las pruebas desmienten esta afirmación.
  • En su etapa como consejera de Hacienda en Andalucía, rechazó la condonación de deuda a las comunidades autónomas. Hoy defiende lo contrario.
  • Rechazó la posibilidad de aprobar una ley de amnistía por ser “inconstitucional”, pero finalmente fue una de sus principales impulsoras.

Este patrón de cambios de postura no es fruto de la evolución política, sino de la conveniencia del momento. En cada caso, Montero ha adaptado su discurso para justificar las decisiones del Gobierno de Pedro Sánchez, sin importar las contradicciones evidentes.

La negativa a responder sobre Aldama se inscribe en esta misma lógica: si eludir la cuestión ayuda a evitar una crisis política, el coste de la evasión se considera asumible.