mensajes entre Ábalos y Sánchez

Moncloa supo desde octubre de las memorias de Ábalos y revisó los WhatsApps

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i) y la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, durante una sesión plenaria. / Alejandro Martínez Vélez
Según publica El Mundo, el Gobierno llevaba al menos siete meses al tanto de la existencia de las memorias digitales intervenidas a Koldo García, que contenían los mensajes privados entre Pedro Sánchez y José Luis Ábalos

El Ejecutivo de Pedro Sánchez no fue sorprendido por la filtración de los mensajes de WhatsApp con su exministro de Transportes, José Luis Ábalos. Según ha revelado El Mundo, Moncloa conocía desde octubre de 2024 que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil había requisado dos memorias digitales en casa de Koldo García, el antiguo colaborador de Ábalos, en las que se almacenaban las conversaciones privadas entre ambos dirigentes durante los años 2020 y 2021.

En aquel momento, el entorno presidencial se interesó por el contenido de dichos dispositivos. Las fuentes citadas por el diario aseguran que Sánchez revisó sus mensajes personalmente y concluyó que no había “nada incómodo ni comprometedor”, más allá de conversaciones de “carácter privado”. Una fuente del Ejecutivo resumió la conclusión interna con un lacónico: “Sin problema”.

Pese al alivio inicial, el temor a una futura publicación nunca desapareció. De hecho, el asunto fue lo suficientemente relevante como para llegar al Director Adjunto Operativo (DAO) de la Guardia Civil, quien habría transmitido su preocupación por los dispositivos incautados al jefe de la UCO, el general Alfonso López Malo. El Ejecutivo lo presentó internamente como una “actitud previsora” ante un posible uso informativo o político de los mensajes.

La filtración, una amenaza latente

La hipótesis de una filtración inminente de los mensajes flotaba en los despachos de la Moncloa desde hace meses. El verdadero impacto llegó con la publicación de los WhatsApps por parte de El Mundo, que revelaban el estilo, tono e intenciones del presidente con su cúpula orgánica en plena gestión de crisis internas y pactos con fuerzas independentistas.

Inicialmente, Sánchez restó dramatismo a los hechos, pero con la segunda entrega –donde se evidenciaba su reconexión con Ábalos en 2023 y ciertos comentarios despectivos hacia ministros–, el malestar presidencial creció.

Uno de los mensajes atribuidos a Sánchez rezaba:

"Creo que [Margarita Robles] se acuesta con el uniforme. Es una pájara".

“Revisaron sus móviles”, pero sin auditoría formal

Tras conocer el hallazgo de las memorias digitales, miembros del Gobierno revisaron individualmente sus teléfonos, aunque no se hizo una auditoría oficial, como confirma El Mundo. Esta revisión se trató como una medida preventiva para evitar descontextualizaciones políticas, explican fuentes socialistas.

“Cuando a tu ministro le sacan un caso así, miras tus conversaciones con él. Es humano”, comenta off the record un alto cargo del Ejecutivo. Sin embargo, la publicación en cadena de los mensajes generó un efecto dominó: numerosos miembros del PSOE comenzaron a revisar sus propias comunicaciones con Ábalos, temiendo ser los próximos en aparecer.

Cambio de tono: del “salseo” al impacto jurídico

En Moncloa se percibió inicialmente que las filtraciones eran “salseo político” o “casquería”, sin mayor riesgo que el desgaste. Pero la entrega del 13 de mayo, donde El Mundo vincula a Sánchez con la intervención directa en el rescate de Air Europa, cinco días después de una llamada de Hidalgo a Begoña Gómez, cambió radicalmente el análisis.

El contenido apuntaba a posibles responsabilidades políticas in vigilando, dado que para 2023 ya existían indicios sobre Ábalos. La resignación cristiana del presidente se tornó en “molestia impulsiva”, según fuentes del Ejecutivo. La gran incógnita que ahora atenaza a Moncloa es:“¿Qué falta por salir?”.

El Gobierno estaba prevenido para una posible publicación de los WhatsApps, pero subestimó su repercusión pública y política. La filtración ha puesto en evidencia no sólo el contenido de las conversaciones, sino la gestión interna del PSOE y su relación con la trama Koldo, el rescate de empresas como Air Europa y los negocios del entorno presidencial.

Aunque oficialmente no hay comentarios desde la Secretaría de Estado de Comunicación, la realidad es que el daño reputacional ya está hecho. Lo que comenzó como una crisis de archivo personal, ha mutado en una crisis de credibilidad institucional.