política

El legado de Yolanda Díaz en juego: la jornada de 37,5 horas puede convertirse en su caída política

La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz. / Alberto Ortega

El Congreso decidirá el futuro de la jornada laboral de 37,5 horas y, con ella, el destino político de Yolanda Díaz, que depende del respaldo de Junts para sacar adelante su reforma más emblemática

Según recoge El Debate y otros medios como El Mundo y El Español, la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, está jugando su última carta política con la reducción de la jornada laboral a 37,5 horas semanales. Esta medida, concebida como la joya de la corona de su etapa como ministra de Trabajo, ha llegado al Congreso con el viento en contra. El partido de Carles Puigdemont, Junts per Catalunya, ya ha advertido que votará en contra, lo que podría significar el fracaso legislativo más grave de Díaz desde su llegada al Consejo de Ministros.

Una derrota con nombre propio

Yolanda Díaz cumplió 54 años el pasado martes, el mismo día en que el Consejo de Ministros aprobó la ley en segunda vuelta. Lejos de celebraciones, se enfrenta a un panorama político crítico. La votación que se avecina en el Congreso es su bola de partido: si no logra aprobar la jornada de 37,5 horas, su autoridad como líder de Sumar quedaría profundamente erosionada.

Los antecedentes pesan. En 2022, la reforma laboral fue aprobada por un solo voto, gracias al error de un diputado del PP. Tras aquel episodio, Díaz admitió que habría dimitido si la norma no hubiera salido adelante. Esta vez, aunque no ha verbalizado una amenaza similar, en el entorno político nadie descarta que una derrota la saque del tablero institucional.

Junts amenaza con dinamitar la ley

El escollo tiene nombre: Junts per Catalunya. Su portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, ha confirmado que presentarán una enmienda a la totalidad, asegurando que el texto "no va a ver la luz". El reproche es claro: acusan al Gobierno de haber negociado solo con los sindicatos estatales y no con la patronal y las pymes catalanas, a las que temen que esta reducción de jornada pueda perjudicar.

Las exigencias de Junts se centran en una “adaptación al marco catalán”, es decir, que la ley contemple una aplicación diferenciada en Cataluña, algo que Díaz ha sugerido que podría aceptar. Sin embargo, esa cesión territorial depende en última instancia de Pedro Sánchez, y no está claro que el presidente del Gobierno esté dispuesto a pagar ese precio.

El equilibrio imposible entre Sumar, el PSOE y el independentismo

En el PSOE no son tan optimistas como en Sumar. Según El Debate, los socialistas consideran que Junts no cederá fácilmente, presionados por una patronal catalana muy beligerante con la norma. Aunque Díaz ha intentado mostrar seguridad –“he vivido negociaciones mucho más difíciles”–, en la práctica el margen de maniobra es estrechísimo.

Para Pedro Sánchez, el escenario también es incómodo. Un fracaso de Yolanda Díaz la dejaría herida políticamente, debilitando aún más a una izquierda fragmentada que impide una reedición de la mayoría progresista. Pero al mismo tiempo, salvarla implicaría asumir cesiones al independentismo catalán que podrían resultar impopulares entre otros socios parlamentarios y en la opinión pública.

¿Fin del ciclo para Díaz?

Yolanda Díaz renunció hace semanas a liderar Sumar en términos orgánicos para concentrarse en su rol institucional, pero este pulso por la jornada laboral pone en juego mucho más que una ley. Es su legado político el que está en la cuerda floja. En el Gobierno lo saben, en Sumar también, y en el PSOE lo calculan con fría lógica.

Según analistas consultados por El Debate, si la votación fracasa, Díaz quedará en una posición irrelevante. Las encuestas ya muestran que su marca está muy debilitada y que Podemos podría resurgir si ella desaparece del foco.

El futuro inmediato de la vicepresidenta se juega en los despachos y pasillos del Congreso. Todo dependerá de si consigue atraer a Junts con las concesiones necesarias, y si Pedro Sánchez está dispuesto a respaldarla. Si no lo logra, la jornada laboral podría ser el epitafio de su carrera institucional. Una carrera que empezó con gran fuerza, que reformó el mercado laboral, pero que podría acabar atrapada entre un partido pequeño y un país demasiado dividido.