chantaje político

Junts tienta a Feijóo con una moción de censura... a cambio de rehabilitar a Puigdemont

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. / EP / Archivo

La formación separatista catalana abre por primera vez la puerta a negociar con el PP una alternativa a Sánchez, pero exige que el diálogo se produzca en el extranjero y con el fugado Carles Puigdemont.

Por primera vez desde que estallara la macrotrama de corrupción que asola al PSOE, Junts per Catalunya ha dado señales de posible distanciamiento con Pedro Sánchez. Aunque los de Puigdemont siguen sosteniéndolo en Moncloa por puro interés partidista —la aplicación de la amnistía, el uso del catalán en Europa y las constantes cesiones económicas—, han dejado caer su disposición a escuchar al Partido Popular. Pero no de cualquier forma: el precio de esa conversación es la rehabilitación política del fugado Carles Puigdemont, al que exigen que Feijóo reconozca como interlocutor legítimo y se desplace a reunirse con él fuera de España.

La maniobra, que busca blanquear al máximo responsable del intento de golpe de Estado del 1-O, vuelve a situar a los independentistas en el centro de la política nacional. Con Sánchez cercado por los casos de corrupción y el PSOE sacudido por la entrada en prisión de su número dos, Junts vuelve a pescar en río revuelto, tensando la cuerda con quien los sostiene en el poder, pero ofreciendo su mano —a su manera— a la alternativa.

Un chantaje político: el precio de la moción es Bruselas

El mensaje lanzado por Junts al Partido Popular es claro: «si queréis hablar, será con Puigdemont y fuera del Estado». Así lo han hecho saber portavoces de la formación a El Mundo, en una declaración que encierra una estrategia política calculada: poner al PP ante el espejo de su propia coherencia, obligándole a elegir entre mantenerse firme en la defensa de la legalidad constitucional o entrar en el juego del separatismo a cambio de una moción de censura.

Las palabras de Junts son tan claras como desafiantes: «En el PP saben —como todo el mundo— cuáles son los mecanismos de Junts para tener conversaciones de esta índole. Saben con quién hay que hacerlo y dónde: con el presidente (Puigdemont), el secretario general (Turull) y la portavoz del Congreso (Nogueras), y fuera del Estado por razones sobradamente conocidas». Es decir, legitimar al fugado de la Justicia como interlocutor válido, tal y como ya hizo el PSOE en octubre de 2023, cuando Santos Cerdán se fotografió con él en Bruselas.

El PSOE abrió la puerta, Junts quiere más

La presión sobre el PP se fundamenta en el precedente del PSOE, que normalizó la interlocución con el expresidente de la Generalitat a cambio de su investidura. Entonces, la foto entre Cerdán y Puigdemont bajo el retrato del referéndum ilegal del 1-O marcó un punto de no retorno: Sánchez institucionalizó el chantaje y la claudicación. Ahora Junts exige lo mismo a Feijóo, a sabiendas de que el PP se encuentra valorando una moción de censura tras el estallido del caso Cerdán y la creciente debilidad del Ejecutivo.

La exigencia no es casual ni simbólica. Reunirse con Puigdemont supondría de facto rehabilitar su figura, saltarse la Justicia española y asumir la tesis independentista de que su causa no fue un delito, sino una «legítima aspiración política». Y esa es, precisamente, la encrucijada que Junts quiere forzar en el centro derecha: que se rinda o que renuncie.

Feijóo ante una oportunidad y una trampa

Con Pedro Sánchez en su punto más bajo, con una trama que implica directamente al núcleo duro del PSOE en la supuesta financiación ilegal del partido, Feijóo se ha lanzado a sondear apoyos para una moción de censura. Hasta ahora contaría con los votos de Vox y UPN, y le faltarían apenas cuatro para que saliera adelante.

El gesto de Junts de abrir la puerta al diálogo —aunque sea envenenado— descoloca el tablero. La formación independentista ha calificado durante meses de “ciencia ficción” cualquier acuerdo con el PP, especialmente si implicaba a Vox. Sin embargo, los recientes escándalos de corrupción en el PSOE han erosionado la confianza del separatismo en Sánchez, y con ello también su discurso.

Junts insiste en que solo negociará si se cumplen sus condiciones, como ya hizo con los socialistas: entrega de la amnistía, impunidad, cesiones lingüísticas y más fondos. Ahora le toca al PP decidir si quiere entrar en ese juego o marcar un muro infranqueable frente al independentismo.

Puigdemont, de prófugo a árbitro político

La clave del chantaje es convertir a Carles Puigdemont en árbitro de la política española, algo que solo es posible porque Sánchez ya lo hizo antes. El expresidente fugado no ha pisado España desde que escapó en el maletero de un coche para evitar su procesamiento por los delitos del procés. Aún hoy sigue reclamado por el Tribunal Supremo por malversación y desobediencia. Pero eso no impidió que el PSOE lo encumbrara como socio imprescindible.

La paradoja es evidente: un prófugo de la Justicia, huido en Bélgica, podría acabar decidiendo si Sánchez cae o no. Y eso solo es posible en una España en la que el poder judicial ha sido humillado por la amnistía, el Ejecutivo se ha aferrado al poder a cualquier precio, y una parte de la clase política se muestra dispuesta a pactar incluso con quienes intentaron romper el país.

¿Cederá el PP?

El dilema es tan estratégico como moral: ¿aceptará el PP las condiciones de Junts y se reunirá con Puigdemont en el extranjero? ¿O se mantendrá firme en su rechazo al separatismo y renunciará a una moción que podría poner fin a la etapa sanchista?

Los próximos días serán claves. El PSOE se tambalea, pero aún gobierna. Junts insinúa su traición, pero no regala nada. Y Feijóo tiene en sus manos una decisión que puede marcar su futuro político… y el del país.