Felipe González desangra al PSOE con doce verdades incómodas: “No hay transparencia, solo poder”
El expresidente socialista advierte de que “no convocar elecciones porque las va a ganar la derecha es un argumento antidemocrático” y se desmarca del rumbo actual del PSOE
El histórico líder socialista Felipe González ha vuelto a lanzar un contundente mensaje contra el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, al que acusa de “incumplir la Constitución” por no haber presentado aún los Presupuestos Generales del Estado. Durante su intervención en el Foro Global Sur organizado por Lanzarote Media, González sostuvo que el Ejecutivo tiene la obligación de presentar las cuentas públicas “al menos una vez por ejercicio”, recordando que en su mandato, cuando el Congreso rechazó sus presupuestos, “convocó elecciones y asumió la derrota”.
El expresidente denunció la “falta de transparencia institucional” del actual Gobierno y reprochó a Sánchez que se escude en el contexto político o en la amenaza de la oposición para justificar su parálisis. “No convocar elecciones porque las va a ganar la derecha es un argumento antidemocrático”, advirtió con dureza.
Crítica al rumbo del socialismo actual
Durante su intervención, González recalcó que sigue siendo “tan de izquierdas como siempre”, pero lamentó que el actual PSOE “ya no defienda el socialismo de la libertad, sino una versión oportunista del poder”. “Los que me critican —añadió— no son de izquierdas; el socialismo no es servidumbre ni sectarismo, es libertad, igualdad y responsabilidad”.
El veterano dirigente defendió su coherencia política frente a los cambios de criterio del actual presidente: “Yo no me he pasado a ninguna parte, sigo defendiendo los principios que ofrecimos a los ciudadanos. Si alguien ha cambiado esas propuestas, que lo explique, pero no me culpen a mí”.
Estas palabras consolidan un tono cada vez más abiertamente crítico de González con el Gobierno de Sánchez, al que acusa de haber desnaturalizado el proyecto histórico del PSOE. Según fuentes cercanas al expresidente, su preocupación es que el partido “se ha convertido en una maquinaria de poder personalista”, muy lejos del espíritu reformista y socialdemócrata que inspiró la Transición.
La amnistía y los pactos con Bildu, puntos de ruptura
González también reiteró su oposición a la ley de amnistía y a los acuerdos del Gobierno con Bildu, recordando que “nadie me obliga a estar de acuerdo con quienes quieren separar a los españoles”. Aunque defendió que “es mejor que hagan política a que peguen tiros”, lamentó que los herederos de ETA “no hayan explicado todavía por qué mandaron matar” a figuras como el socialista Ernest Lluch.
Sus críticas se suman a las que ya ha realizado en los últimos meses contra lo que considera una deriva institucional preocupante: “No hay proyecto de país, hay improvisación y tacticismo. El PSOE ha dejado de representar a la izquierda sensata y constitucional”, señaló recientemente en una entrevista.
Un aviso a la dirección socialista
Las declaraciones de González llegan en un momento delicado para el Gobierno, inmerso en múltiples frentes judiciales —como los casos de Ábalos, Koldo y Cerdán— y en un contexto de creciente división interna. El expresidente se erige, de hecho, como una referencia moral del socialismo clásico frente al “sanchismo”, denunciando lo que considera un vaciamiento ético e institucional del partido.
“El liderazgo exige compromiso no mercenario con un proyecto para el país”, recordó, insistiendo en que el deber de un dirigente socialista no es “servirse del Estado, sino servirlo”.
Un socialismo en crisis
Las palabras del exmandatario han tenido una amplia repercusión política. Mientras el ala más próxima a Sánchez guarda silencio, varios barones y exdirigentes históricos han admitido en privado que comparten la “preocupación” de González por el deterioro interno del PSOE.
Para González, la deriva del Gobierno no solo erosiona al partido, sino que “pone en riesgo la convivencia en paz y libertad entre los españoles”. En su intervención desde Sevilla, instó a que “nada ni nadie perturbe ese espíritu de concordia”, en clara alusión a las tensiones territoriales y los acuerdos con los independentistas.