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España, al borde de una guerra comercial por el doble juego de Sánchez

Pedro Sánchez tras la cumbre de la OTAN. / X
Pese a firmar el compromiso del 5 % en defensa junto al resto de aliados de la OTAN, Sánchez insiste en que España mantendrá un techo del 2,1 % hasta 2029, lo que ha provocado una respuesta inmediata de Trump

La cumbre de la OTAN en La Haya concluyó con un inesperado giro diplomático. Pedro Sánchez, tras firmar el compromiso de elevar el gasto en defensa hasta el 5 % del PIB para 2035, desató una nueva tensión internacional con Estados Unidos al insistir en que no acatará ese objetivo. Una postura que ha provocado la reacción airada de Donald Trump, quien advirtió públicamente que España podría ser castigada con nuevos aranceles comerciales.

“Les vamos a hacer pagar el doble”, afirmó Trump ante la prensa internacional, visiblemente molesto por la ambigüedad del Ejecutivo español.

Lo paradójico es que la amenaza llega después de que España haya firmado formalmente el mismo texto que el resto de los 32 países aliados, según consta en la declaración final de la cumbre, en la que se reafirma el compromiso colectivo con el 5 % del PIB en inversión militar y en seguridad estratégica.

Una firma negada... después de firmar

Sánchez, en declaraciones a la prensa poco antes de abandonar La Haya rumbo a Bruselas, negó haber asumido dicho compromiso: “Nosotros no lo hemos hecho”. Sin embargo, la literalidad del documento oficial, así como las declaraciones de líderes como Giorgia Meloni, desmienten rotundamente esa afirmación.

“Italia ha hecho como España, o España como Italia, no lo sé... pero los 32 hemos firmado lo mismo”, señaló la primera ministra italiana.

Esta doble narrativa del Gobierno español, que pretende salvar su retórica nacional sin romper el consenso internacional, ha terminado por generar una tormenta política y económica que amenaza con derivar en una guerra comercial con EE.UU..

Trump activa su especialidad: la presión arancelaria

Según relatan periodistas desplazados a la cumbre, como Ana Martín, la intervención de Trump fue directa y calculada. En medio de una rueda de prensa centrada en Ucrania e Irán, respondió con dureza a una pregunta sobre España lanzada por una redactora catalana, y dejó claro que el país pagaría un precio si no cumplía con los compromisos asumidos.

Trump, experto en convertir el comercio en un arma diplomática, ya utilizó esta táctica en su anterior mandato, imponiendo cargas sobre productos europeos como el vino francés, las aceitunas negras españolas o el acero alemán. Ahora ha abierto la puerta a actuar unilateralmente contra España, incluso dentro del marco de la Unión Europea.

El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, trató de restar gravedad al episodio desde París, recordando que la política comercial exterior es competencia de la Comisión Europea. Pero los antecedentes demuestran que Estados Unidos puede actuar de forma diferenciada sobre países concretos, aun dentro de bloques económicos.

Una provocación estratégica y un choque de legitimidades

La situación es especialmente rocambolesca, como ha señalado The Objective, ya que Trump reprocha a España no haber firmado lo que, en realidad, sí firmó. Pero el fondo del asunto no es tanto el contenido del acuerdo como la actitud de Pedro Sánchez, que en pleno escenario internacional, ha pretendido marcar distancias insinuando una excepcionalidad que no existe.

El documento de la OTAN establece que todos los aliados deberán invertir el 5 % del PIB en defensa y seguridad antes de 2035, incluyendo al menos un 3,5 % en necesidades militares directas y hasta un 1,5 % en capacidades críticas, ciberdefensa e infraestructuras estratégicas. Además, las contribuciones a Ucrania contarán como parte de ese gasto, lo que busca incentivar el apoyo conjunto al país invadido por Rusia.

Sánchez mantiene el relato del 2,1 %... hasta 2029

Pese a todo, Pedro Sánchez ha asegurado contar con el beneplácito del nuevo secretario general de la OTAN, Mark Rutte, para limitar el gasto al 2,1 % hasta 2029, cuando se realizará la primera revisión de cumplimiento. El problema es que esa flexibilidad no figura en ningún punto del documento oficial.

“Si hoy hubiera otro presidente del Gobierno, España habría firmado el 5 %. Y eso sería un error. Nosotros no lo hemos hecho”, reiteró Sánchez ante los medios, en un ejercicio de diplomacia interna que ha terminado por desconcertar a sus socios y provocar a sus adversarios.

Una guerra comercial en ciernes

El gesto de Trump, aunque simbólico por ahora, marca el inicio de una escalada que podría traducirse en barreras a productos españoles si la Casa Blanca considera que hay una falta de compromiso por parte del Gobierno español.

España ya sufre aranceles del 10 al 50 % en sectores clave como el acero, la automoción o el vino, según reconoció el propio ministro Cuerpo. Una ampliación de estas tasas podría dañar seriamente las exportaciones en un contexto internacional de desaceleración económica.

Mientras la OTAN busca proyectar una imagen de unidad ante las amenazas globales, España se ha situado en el centro de la polémica por una gestión contradictoria de su compromiso militar. La confusión entre lo firmado y lo declarado, y la negativa de Moncloa a asumir de forma transparente el acuerdo alcanzado, ha desatado una tormenta de consecuencias aún imprevisibles, tanto en el plano comercial como político.

La próxima cumbre en Turquía en 2026 y la revisión del gasto en 2029 marcarán si esta estrategia de ambigüedad diplomática ha sido hábil o profundamente arriesgada.