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Embargo de armas, cierre de puertos y sanciones: la nueva guerra de Sánchez contra Israel

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, recibe al canciller de la República Federal de Alemania, Friedrich Merz. / A. Pérez Meca

En apenas dos semanas, el discurso oficial pasó de hablar de “masacre” a acusar a Israel de “genocidio”, en una escalada retórica que recuerda al “no a la guerra” de 2003

Según publica Vozpópuli, el Gobierno de Pedro Sánchez ha intensificado su ofensiva política y simbólica contra Israel, recuperando el discurso del "no a la guerra" que el PSOE utilizó con éxito en 2003 y 2004 durante la crisis de Irak. Esta vez, sin manifestaciones masivas, el Ejecutivo actúa desde el BOE, con decretos, vetos y sanciones, en un giro que algunos consideran como una “intifada diplomática” desde Moncloa.

De la “masacre” al “genocidio”: escalada retórica y presión internacional

En apenas dos semanas, el discurso oficial ha pasado de hablar de “masacre” en Gaza a acusar a Israel directamente de “genocidio”. A esto se suman una serie de medidas sin precedentes: embargo legal de armas, cierre de puertos, restricciones aéreas, sanciones y la retirada simbólica del apoyo diplomático.

La última novedad, según detalla Vozpópuli, es la petición de exclusión de Israel de competiciones deportivas internacionales, incluidas las organizadas por FIFA y el Comité Olímpico Internacional. Esta estrategia recuerda a la que se aplicó contra Rusia tras la invasión de Ucrania, aunque con una carga política aún más marcada.

Vozpópuli subraya que esta ofensiva internacional coincide con un momento crítico a nivel interno: la imputación de Begoña Gómez, los problemas del fiscal general del Estado, y la creciente presión judicial sobre figuras cercanas a Sánchez. La oposición ya ha señalado que este giro responde más a una estrategia de distracción que a una política exterior coherente.

Choque dentro del Gobierno: el PSOE frena, Sumar presiona

La tensión no solo es internacional, sino también interna. Yolanda Díaz y Sumar exigen romper completamente las relaciones diplomáticas con Israel, mientras que el PSOE opta por gestos medidos y calculados para evitar conflictos jurídicos o económicos. Incluso el embargo de armas fue pospuesto por presión de los ministerios económicos, preocupados por litigios y contratos vigentes.

El enfrentamiento se extiende también al terreno mediático: Sumar lanza las iniciativas y el PSOE las capitaliza. Así ha ocurrido con el veto al equipo Israel–Premier Tech en la Vuelta Ciclista, el embargo de armas, o la presión deportiva. Este pulso por protagonismo recuerda a la competencia política de la izquierda durante la Guerra de Irak, solo que esta vez, ambos están en el Gobierno.

Vozpópuli apunta a la paradoja central: el mismo PSOE que en 2023 autorizaba la venta de armas a Israel, hoy impulsa su embargo. Lo que antes fue pancarta opositora, ahora se plasma en decretos oficiales. Y lo que antes se reclamaba desde la calle, ahora se convierte en política exterior desde los despachos.

El Ejecutivo intenta vender convicción política, pero la realidad es que esta campaña se produce en un momento de mínimos parlamentarios, escándalos judiciales y erosión electoral, donde la bandera internacional se convierte en refugio frente a las turbulencias nacionales.