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Crisis total en el PSOE: el caso Salazar enciende incluso a los fieles a Sánchez

Líderes del PSOE durante la reunión de la Comisión Ejecutiva Federal. / Alejandro Martínez Vélez

Dirigentes socialistas reconocen errores graves y acusan a la cúpula de haber intentado «tapar» el caso

El malestar en el PSOE por la gestión del caso de Francisco Salazar, exdirigente socialista denunciado por acoso sexual por varias trabajadoras de La Moncloa, se ha intensificado en las últimas horas, incluso entre sectores tradicionalmente fieles a Pedro Sánchez. Cargos del partido, militantes y hasta miembros de la Ejecutiva Federal han comenzado a alzar la voz y a exigir responsabilidades y una solución «urgente» para una crisis que consideran ya «incontrolable» e «insostenible».

Según revela Europa Press, en varios chats internos de cargos y militantes socialistas circulan mensajes muy críticos que acusan directamente a la cúpula del partido de haber intentado «enterrar el caso» para proteger al acusado. «El caso Salazar demuestra que los partidos siguen defendiendo o tapando actitudes o hechos intolerables a los que creen que son ‘uno de los nuestros’», afirma una militante que se confiesa «avergonzada».

La indignación se extiende a los sectores «pedristas» del partido

Uno de los aspectos más significativos es que la indignación no se limita a sectores críticos, sino que alcanza a dirigentes afines a Sánchez, según recoge la citada agencia. Un parlamentario socialista reconoce:

«Los grupos están ardiendo».
La sensación, añade, es que hay más tensión interna ahora que con los casos de presunta corrupción que han terminado con Ábalos y Santos Cerdán en prisión.

El PSOE reconoció el viernes que había tardado cuatro meses en contactar con las víctimas. En un comunicado remitido por Ferraz, el partido admite no haber estado «a la altura» y reconoce la «falta de arrope» a las denunciantes, cuyas declaraciones describen «comportamientos repugnantes, intolerables e incompatibles con los valores del Partido Socialista».

Pilar Alegría, en el centro de la polémica

Gran parte de la crítica interna apunta también a la portavoz del Gobierno, Pilar Alegría, tras difundirse una fotografía en la que aparece comiendo con Salazar en noviembre, cuando las denuncias ya eran conocidas y el exdirigente había sido apartado. La imagen ha sido calificada como «una burla», «una torpeza» e incluso una «tomadura de pelo», tanto para las víctimas como para la militancia, que exige coherencia.

«Las acciones no parecen serias. Todo suena a puro ‘postureo’», denuncian voces internas, que creen que la foto refleja que los vínculos con Salazar se mantienen, pese a la versión oficial de que ya no presta servicios ni en Moncloa, ni en el PSOE, ni en el PSC.

La cúpula admite errores, pero las explicaciones no convencen

Durante el acto institucional por el Día de la Constitución, Pedro Sánchez declaró en los pasillos del Congreso que «asume en primera persona» el error cometido, justificando el retraso en la gestión por falta de personal en la Oficina contra el Acoso. Aseguró que no tenía conocimiento previo de las denuncias y que no mantiene contacto con Salazar desde que fue apartado.

Sin embargo, un miembro de la Ejecutiva Federal admite que el daño ya está hecho:

«No hemos actuado con la diligencia debida. No hemos mostrado la cercanía que cabría esperar con las víctimas. Faltan explicaciones convincentes», admite.

También advierte que el proceso no puede quedar a medias y exige una decisión final clara y definitiva. Aunque Salazar ya se dio de baja del partido y no puede ser sancionado internamente, esta fuente sostiene que debe quedar claro si las denuncias están fundamentadas y, en ese caso, que el partido actúe de forma proporcional a la gravedad de los hechos.

Una crisis interna que pone en cuestión el discurso feminista del PSOE

El caso Salazar ha provocado una fractura interna sin precedentes recientes y ha puesto en tela de juicio el compromiso real del PSOE con sus principios feministas. Varias dirigentes feministas del partido reconocen que se vive un ambiente hostil para las mujeres y que las estructuras del partido no garantizan protección efectiva ante situaciones de acoso.

Todo ello en el contexto de una creciente presión mediática y social para que se depuren responsabilidades. La crisis está lejos de cerrarse y cada día que pasa sin una respuesta institucional firme y transparente, el desgaste político se agrava.