"El agua lo arrastró todo, pero el abandono dolió más": el relato de Santiago Posteguillo sacude España
El escritor Santiago Posteguillo, reconocido por su expertise en la Antigua Roma, ofreció un desgarrador relato sobre su experiencia durante la DANA que azotó Paiporta, Valencia, reflejando una situación de caos, desamparo y tragedia humana. En el marco de un ciclo de conferencias celebrado el pasado 15 de noviembre, Posteguillo compartió con crudeza lo vivido cuando la riada los sorprendió mientras preparaba unas notas para su intervención.
Según narró, aún no eran las 19:00 horas cuando su pareja lo alertó de que el barranco del Poyo se estaba desbordando, a pesar de que no había llovido en Paiporta y nadie había dado aviso. Desde la terraza del edificio, a apenas 50 metros del barranco, Posteguillo observó cómo el agua crecía de manera imparable en cuestión de minutos. Cuando quiso bajar para mover su coche, un vecino le advirtió que sería una mala idea, una decisión que probablemente le salvó la vida.
Lo que sucedió a continuación fue una avalancha de agua de dos metros de altura, arrastrando árboles, ramas, coches y hasta una nave industrial. "En 13 minutos se desató un torrente brutal, sin control", describió. El edificio en el que se refugiaron resistió gracias a la sólida construcción realizada por el padre de su pareja, pero las puertas y parte de las fachadas fueron destruidas. "Seis horas de torrentera continua, con miedo por la estructura del edificio", relató.
La tragedia humana y la ausencia institucional
Posteguillo describió escenas devastadoras, como ver a personas desaparecer arrastradas por el agua. Pero lo más impactante fue lo ocurrido al amanecer. "Nos acostamos sin luz ni agua pensando que al día siguiente llegarían la Guardia Civil, los bomberos, el Ejército. Pero no había nadie", afirmó. La desolación se hizo aún más palpable cuando avistaron el cadáver de una joven china, flotando en medio de la plaza, velado por su madre sin que ninguna autoridad llegara para asistirla. "Los coches estaban volcados, todo lleno de barro. Había silencio, miedo. Cae la noche, y tampoco viene nadie. Hay saqueos. Era como en la película La purga."
Al segundo día, la situación seguía siendo igual de desoladora. "No había nadie institucional, solo algunos vecinos que intentaron mover el cadáver un poco más adentro de un bajo vacío", detalló. La frustración del escritor quedó reflejada en su indignación: "¿Cómo es posible que en el siglo XXI, en España, no haya respuesta institucional tras 48 horas? Es inconcebible."
Devastación y resignación
Finalmente, al tercer amanecer comenzaron a llegar voluntarios, pero no hubo señales de la ayuda institucional necesaria. Ante el panorama de devastación total, Posteguillo decidió tomar sus notas, algo de ropa, y caminar kilómetros hasta Valencia. "Era un espectáculo de devastación como nunca he visto en mi vida: cadáveres que no habían podido retirar, coches volcados, edificios destrozados. La gente haciendo cola con cubos de agua junto a una manguera... El pueblo con palas no puede enfrentarse a esta tragedia."
Crítica a las instituciones
Posteguillo no ocultó su indignación al criticar la falta de respuesta institucional. "¿Cuánto tiempo tiene que esperar esa gente? ¿Cómo se puede ser tan miserable desde las instituciones?", cuestionó, calificando la gestión de "miserable" e insensible ante el sufrimiento humano. "La sensación es que los políticos del siglo XXI apuñalan al pueblo", expresó, rematando con una reflexión amarga: "Como decía Antonio Machado, 'Españolito que vienes al mundo, una de las dos Españas ha de helarte el corazón'. Quizás habría que decir que son las dos Españas las que nos están helando el corazón."
Con esta experiencia, Posteguillo no solo retrató la tragedia de Paiporta y otras localidades como Algemesí o Catarroja, sino también la incapacidad de las instituciones para responder ante una catástrofe que dejó profundas cicatrices en la población afectada.