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Ábalos estalla y apunta a Sánchez: «Me citó en Moncloa y me confesó que la UCO investigaba a Koldo»

José Luis Ábalos y Pedro Sánchez, en un viaje oficial en tren. Ambos han quedado vinculados a causas judiciales que afectan al entorno del PSOE.

El exministro revela que Pedro Sánchez ya conocía en septiembre de 2023 que la Guardia Civil seguía la pista de su asesor Koldo García. El presidente del Gobierno, en lugar de actuar, optó por el silencio. Ábalos rompe su silencio y señala directamente al jefe del Ejecutivo como conocedor de la trama desde meses antes de las detenciones.

La omertá socialista empieza a resquebrajarse. José Luis Ábalos, exministro de Transportes y exsecretario de Organización del PSOE, ha decidido romper su silencio y lo ha hecho con un cañonazo político de primera magnitud: Pedro Sánchez conocía desde septiembre de 2023 que la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil investigaba a Koldo García, su fiel escudero en el ministerio. La revelación, hecha en una entrevista concedida a OKDiario, pone al presidente en el ojo del huracán, no solo como máximo responsable político, sino como conocedor directo de una presunta trama criminal que durante meses optó por ignorar, proteger o encubrir.

Sánchez sabía y no hizo nada

«Sánchez me lo dijo el 28 de septiembre en Moncloa: “La UCO investiga a Koldo”», afirma Ábalos sin titubeos. Fue el propio presidente quien lo convocó en La Moncloa al día siguiente del fracaso de la moción de censura de Feijóo, en un encuentro que se prolongó durante dos horas. Le mandaron un coche oficial a su casa de Rivas y la conversación se desarrolló primero en el despacho presidencial y luego en los jardines del complejo. Según el exministro, se trataba de una «reunión de recomposición» tras meses de distanciamiento, pero lo que recibió fue un mazazo.

«Lamentablemente, todo lo que me había pasado había sido por Koldo», le soltó Sánchez. Un reconocimiento explícito no solo del peso de la trama, sino del conocimiento que tenía de la misma antes de que estallara públicamente. Para Ábalos, esa información llegó al presidente desde la Fiscalía General del Estado, como corresponde en causas que afectan a aforados. En otras palabras, Sánchez fue advertido por la fiscalía, supo lo que se estaba gestando y decidió callar.

«Una imprudencia» con sabor a trampa

Ábalos califica aquella cita de «psicológicamente muy dura» y asegura que el presidente cometió una «imprudencia» al reunirse con él estando al tanto de una investigación judicial abierta. Sostiene que Sánchez no solo quería tantearlo, sino también medir sus reacciones. En lugar de ayudarlo, dice sentirse utilizado, manipulado y finalmente traicionado. «Es una maniobra para testear mi posición», afirma.

También arremete contra el Ministerio del Interior por su papel negligente y torpe en la gestión del caso. «Es que son unos ineptos», sentencia. Lo cierto es que los indicios no dejan en buen lugar al presidente del Gobierno. Si, como afirma Ábalos, Sánchez sabía de la investigación desde septiembre, ¿por qué mantuvo a Koldo en el entorno del partido? ¿Por qué permitió que el escándalo estallase cinco meses después sin hacer nada para prevenir el daño político e institucional?

«Soy un represaliado del PSOE»

El exministro insiste en su inocencia, recalca que ha salido empobrecido de la política —«no tengo nada más que esa mierda de casa que ya conoce toda España»— y se define como un represaliado del partido que él mismo ayudó a levantar. Mientras Cerdán contó con el apoyo explícito del presidente hasta su caída más reciente, Ábalos se sintió abandonado, expulsado, señalado y apartado. El desgarro interno es evidente.

«Me han puesto varias trampas. Se han aprovechado de que soy un confiado», asegura, y mantiene su disposición a colaborar con la Justicia, pero sin admitir ningún delito. Su relato es el de un político engañado, sacrificado en la plaza pública, mientras otros mantienen privilegios y protección.

Cerdán y el silencio de Sánchez

Ábalos también se pronuncia sobre el ingreso en prisión de Santos Cerdán, su sucesor en la Secretaría de Organización del PSOE. «Ese hombre ya no es él. La cárcel siempre es un instrumento para ablandar», afirma. En su testimonio, Cerdán aparece como alguien atrapado en su propia ambición, incapaz de prever que las grabaciones de Koldo lo arrastrarían. En una crítica apenas velada a su excompañero, Ábalos lamenta que no tuviera el coraje de contarle la verdad al presidente: «Si hubiera sido más inteligente, le habría dicho a Pedro: “Me pueden joder, hay que hacer algo inteligente”».

También siembra dudas sobre lo que sabía Sánchez respecto a las actividades del navarro. «Puede ser que supiera que estaban haciendo algo, pero no en la línea que Santos quería. Porque el problema de Santos es que no podía contárselo al presidente. Hubiera sido guillotinado», afirma. Pero todo sugiere que el conocimiento del presidente era mayor, y el escándalo de la inacción se agrava conforme se acumulan las pruebas y los testimonios.

Un presidente que se hace el amigo... y luego te abandona

La entrevista también desvela cómo se rompió del todo la relación entre Ábalos y Sánchez. Después de aquel encuentro en Moncloa, ambos siguieron manteniendo contacto hasta enero de 2024. Entonces, Sánchez le escribió: «Pensé que éramos amigos». El detonante fue la sospecha de que Ábalos estaba apoyando a Alejandro Soler frente a Diana Morant en las primarias del PSPV. «Le dije que me ponía a la orden de apoyar a la ministra», relata. Pero la confianza ya se había roto, y la sospecha sustituyó a la lealtad.

Lo cierto es que Ábalos ha dejado de callar, y su relato revela una implosión en el seno del PSOE, un partido que ya no solo enfrenta las consecuencias judiciales de una trama de corrupción institucionalizada, sino también una sangrienta guerra interna en la que los antiguos fieles del presidente se sienten víctimas de su despotismo.

Sánchez, el gran conocedor

La confesión de Ábalos dinamita el relato oficial de Sánchez. No es solo que el presidente fuera un espectador distante. Es que estaba al tanto de todo desde meses antes de que estallase el caso Koldo. Su silencio, su protección, su posterior reacción, su maniobra de sacrificio con Ábalos primero y con Cerdán después... todo encaja en una estrategia de supervivencia política tan calculada como cínica.

El escándalo ya no es solo la corrupción. Es el encubrimiento. Y lo que empieza a emerger, poco a poco, es la certeza de que el PSOE no fue víctima de una trama, sino que la trama fue orquestada desde dentro. Y el presidente del Gobierno sabía. Y no hizo nada. ¿Hasta cuándo podrá resistir?