la lealtad no puede ser ciega

El exministro se convierte ahora en “un sinvergüenza” para el PSOE tras romper el pacto de silencio

Pedro Sánchez.

El presidente acusa a los conservadores de vivir en «un Black Friday constante» mientras en el PSOE estalla la tormenta interna  

Durante meses, José Luis Ábalos y el PSOE mantuvieron un equilibrio de silencio y contención. No había un pacto firmado, pero sí un entendimiento tácito: evitar daños mayores en medio de la tormenta judicial. Esa tregua ha estallado. El exministro ha abierto la caja de Pandora al implicar directamente a Begoña Gómez, esposa del presidente, en el rescate de Air Europa. La respuesta del Gobierno ha sido inmediata y hostil.

Fuentes socialistas reconocen que lo que había era «fair play» y que Ábalos ha decidido romperlo sin previo aviso. La sorpresa ha sido total. «No creo que vaya por esos derroteros», confiaban aún el miércoles. Para el jueves, Ábalos ya estaba en prisión y el PSOE hablaba de «chantaje».

Silencio presidencial, ataque delegado

Pedro Sánchez no ha hablado públicamente, pero sí ha enviado un mensaje: la defensa la capitanean María Jesús Montero y Diana Morant. Montero acusó a Ábalos de «mentir» y dejó claro que el Gobierno «no se dejará chantajear». Morant, aún más dura, calificó de «indecente» que el exministro «se parapete» en su escaño y pidió su dimisión inmediata.

El Ejecutivo insiste en que Begoña Gómez no tuvo implicación alguna en el rescate de la aerolínea, que fue «auditado, fiscalizado y controlado» por todos los órganos competentes, desde la Intervención General hasta la Comisión Europea.

Una legislatura que pende de un voto

Ábalos, suspendido de militancia en 2024 y expulsado en 2025, mantenía su acta como diputado del Grupo Mixto. Aunque sus votos aún beneficiaban al PSOE en votaciones clave, su nueva actitud supone un riesgo para la legislatura. La ruptura con Junts y la pérdida de apoyo de Ábalos colocan al Ejecutivo en una situación extremadamente frágil.

Fuentes del Gobierno aseguran que el «peligro es real», pero intentan transmitir normalidad: «No hay gabinete de crisis, no se ha alterado la hoja de ruta». Sin embargo, reconocen que «quedan días de zozobra» y temen nuevas revelaciones que afecten directamente al núcleo de La Moncloa.

La estrategia del daño calculado

Desde el Ejecutivo creen que las acusaciones de Ábalos responden a una estrategia de defensa penal: «Quiere implicar a otras personas para obtener beneficios en su sentencia». Para Sánchez, el señalamiento a Begoña Gómez es un golpe personal, pero también institucional. En su comparecencia ante el Senado, reiteró que su esposa «no tuvo nada que ver» con el rescate empresarial.

Pero el daño está hecho. Ábalos ha confirmado reuniones, señalado llamadas y sembrado sospechas. El PSOE, que ya pagó un precio electoral entre el voto femenino por sus escándalos internos, considera que el exministro ha cruzado una línea irreversible.

Una reflexión final: la lealtad no puede ser ciega

La lealtad partidaria no puede imponerse a la responsabilidad institucional. Si el presidente no comparece, si los ministros no dan explicaciones y si las denuncias internas son tachadas de «chantaje», ¿qué mensaje se da a los ciudadanos? El caso Ábalos no solo erosiona la imagen del Gobierno: desvela una estructura frágil, reactiva y personalista.

España necesita instituciones que funcionen sin depender de silencios pactados o venganzas cruzadas. Cuando la política se convierte en ajuste de cuentas, la democracia se convierte en rehén.