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¿Error histórico? La dura advertencia de EE.UU. a Pedro Sánchez por apoyar a China

Sánchez y Xi Jinping.

Scott Bessent, secretario del Tesoro de EEUU, critica con dureza la postura de España y alerta de una fractura en el eje transatlántico en plena guerra comercial

 

La guerra comercial entre Estados Unidos y China ha sumado hoy un nuevo capítulo de alta tensión diplomática, con España en el foco. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha acusado al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de estar "cortándose su propio cuello" al alinearse con Pekín en una etapa crítica para las relaciones transatlánticas. La expresión, de resonancia dramática, subraya el malestar de la Administración estadounidense, especialmente sensible tras la reciente visita del líder español a China con el respaldo, al menos simbólico, de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.

Bessent, nombrado por Donald Trump para dirigir el Departamento del Tesoro, no ha escatimado palabras para describir lo que considera un grave error estratégico de España. Según él, el acercamiento a China en medio de una guerra arancelaria global “debilita la posición común de Occidente frente a un socio que representa lo contrario al libre comercio”. En sus declaraciones, el alto funcionario se mostró esperanzado de que aún se pueda “mantener un diálogo constructivo”, pero subrayó que “China no juega con las mismas reglas”.

Desde La Moncloa, fuentes del Ejecutivo han respondido que España está “defendiendo sus propios intereses”, dentro del marco europeo y en línea con una agenda internacional propia que “no renuncia al diálogo ni a la pluralidad de socios económicos”.

El contexto es especialmente delicado. Trump ha reactivado su doctrina proteccionista, y entre sus objetivos prioritarios figura la imposición de aranceles a todos los países del mundo, con el fin de reducir la deuda pública en un 1% anual con respecto al PIB. Esta política choca de frente con la tradicional orientación multilateralista de la UE y con los intentos de varios países europeos de tender puentes hacia los BRICS, en los que China desempeña un papel creciente como potencia alternativa al bloque occidental.

En este tablero, España aparece como un actor desacompasado para Washington. El viaje de Sánchez ha sido interpretado como una señal de desalineamiento, y no faltan analistas que temen consecuencias económicas o diplomáticas si EEUU decide tomar represalias indirectas o endurecer aún más sus condiciones comerciales con Europa.

El gesto de Sánchez también ha provocado un debate interno en Bruselas, donde algunos sectores ven con recelo una estrategia que podría dividir a los Veintisiete. Aunque Von der Leyen dio luz verde al viaje, el silencio posterior de la Comisión ha sido interpretado por algunos diplomáticos como un intento de desmarcarse sin desautorizar abiertamente al líder español.

La situación, en palabras de un analista cercano al Consejo Atlántico, “muestra los límites del equilibro europeo entre Washington y Pekín”. Y añade: “España ha apostado por una tercera vía que Estados Unidos no está dispuesto a tolerar sin consecuencias.”

Por ahora, el telón de fondo es el comercio, pero el eco de las advertencias de Bessent se escucha mucho más allá de las tasas aduaneras. Se dibuja un horizonte de fractura geoestratégica, en el que las decisiones nacionales empiezan a sentirse como gestos de bloque. Y el mensaje de Washington es claro: con China, no hay neutralidad posible.