Tienen contrato, pero no trabajo: así se camufla el paro en España
Tienen contrato, pero no cobran. No trabajan, pero no figuran como parados. Son los llamados “parados con contrato”, una categoría que ya suma casi 900.000 personas en España. Y no aparecen en las estadísticas oficiales
El cierre del año 2025 ha vuelto a evidenciar un fenómeno cada vez más cuestionado por expertos e instituciones: el de los «parados con contrato». Son trabajadores que, pese a tener una relación laboral vigente, se encuentran sin empleo efectivo y figuran como demandantes de empleo en el c, pero no son computados oficialmente como parados. Su número se ha disparado hasta los 892.933, el máximo registrado desde la entrada en vigor de la reforma laboral impulsada por Yolanda Díaz a finales de 2021.
Este colectivo engloba principalmente a los fijos discontinuos inactivos, junto con quienes están bajo ERTE o integrados en programas de colaboración social. Aunque el Ministerio de Trabajo no ofrece el desglose exacto —pese a haberlo prometido en 2023—, se estima que la gran mayoría de estos casos corresponden a fijos discontinuos en periodo de inactividad. Es decir, personas con contrato, pero sin jornada ni salario durante semanas o meses.
Esta situación ha generado una distorsión en las cifras de desempleo. Según los datos oficiales, España cerró 2025 con 2,4 millones de parados registrados. Sin embargo, al añadir estos «parados con contrato», la cifra real se eleva hasta 3,3 millones, lo que representa una diferencia de casi 900.000 personas y reduce la mejora del empleo a solo un 5 % respecto a 2019, en lugar del 24 % que reflejan los datos oficiales si se omite este grupo.
El fenómeno ha sido señalado desde hace años por organismos como Fedea y BBVA Research, que acuñaron el término «paro efectivo» para referirse a esta situación. Su principal crítica se centra en la falta de transparencia estadística, ya que estos trabajadores no están trabajando, pero tampoco figuran como desempleados, lo que desvirtúa los indicadores laborales y complica el análisis económico.
Durante la pandemia, este grupo alcanzó picos de más de tres millones de personas, debido al uso masivo de los ERTE. Hoy, aunque los ERTE han bajado drásticamente, los fijos discontinuos —una figura promovida en la reforma laboral como alternativa a la temporalidad— han ganado peso hasta redefinir parte del mercado de trabajo. La crítica no se dirige tanto a la figura contractual en sí, sino a la opacidad con la que se gestiona su registro estadístico.
Desde el Ministerio de Trabajo, el secretario de Estado, Joaquín Pérez Rey, sostiene que los fijos discontinuos están perfectamente medidos, y se remite a los 841.000 activos registrados en la Seguridad Social. Sin embargo, esos datos no incluyen a quienes, pese a seguir contratados, están actualmente inactivos. El número oculto sigue sin ser desglosado oficialmente, y el Ejecutivo no tiene intención de publicarlo, lo que ha sido interpretado por muchos como una estrategia de maquillaje estadístico.
En resumen, la reforma laboral ha consolidado una figura contractual que ha contribuido a reducir la temporalidad en los contratos, pero ha generado una nueva categoría de desempleo encubierto. La realidad es que uno de cada cuatro desempleados está fuera de la estadística oficial, una situación que altera el diagnóstico del mercado laboral y genera desconfianza entre economistas, medios especializados y organizaciones independientes. Mientras tanto, los datos oficiales siguen proyectando una imagen más favorable de la que se percibe en la calle.