relaciones internacionales

Sánchez apoya a Ucrania mientras España inyecta 8.900 millones a Rusia en gas

El país sigue siendo el segundo mayor comprador de GNL ruso en Europa. / EP
Mientras el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, alza la voz en apoyo a Ucrania, los números no mienten: España ha gastado casi 9.000 millones de euros en gas ruso desde el inicio de la guerra en 2022

Pedro Sánchez, líder del Gobierno español, se ha sumado al coro de apoyo a Ucrania tras la reciente reunión entre Donald Trump y el presidente ucraniano Volodímir Zelenski, destacando la posición de España a través de un mensaje en X (anteriormente Twitter): "Ucrania, España está contigo". Sin embargo, hay un gran contraste entre lo que dice y lo que hace.

España ha gastado 8.900 millones de euros en gas ruso desde el inicio del conflicto en 2022, según los datos del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA). Mientras el Gobierno de Sánchez se presenta como un firme defensor de Ucrania, las importaciones de gas natural licuado (GNL) de Rusia no solo han continuado, sino que han aumentado. En 2024, España fue el segundo mayor comprador de GNL ruso en Europa, solo por detrás de Francia, con un total de 1.840 millones de euros dirigidos directamente a la economía rusa.

Las cifras son impactantes. En 2024, España importó 6,4 mil millones de metros cúbicos de gas ruso, un 35% del total europeo, a pesar de las sanciones impuestas por la Unión Europea y la retórica oficial del gobierno sobre la necesidad de reducir la dependencia energética de Rusia.

La paradoja es evidente. En lugar de reducir las importaciones de gas ruso, como exigían los sectores más críticos con el Kremlin, España ha continuado con su flujo de dinero hacia Rusia, alimentando indirectamente la guerra y el régimen de Vladimir Putin. A pesar de las promesas de descarbonización y el compromiso de reducir la dependencia de los combustibles fósiles rusos, los datos reflejan lo contrario: España sigue siendo un actor clave en el financiamiento de la guerra.

El ministro de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha sido cuestionada varias veces por su falta de acción en este sentido. A pesar de sus declaraciones en favor de una prohibición del GNL ruso, las compras siguen fluyendo. Su discurso en Bruselas, donde defendió la prohibición de las importaciones, contrasta con la realidad de los hechos: las empresas españolas siguen teniendo contratos a largo plazo con proveedores rusos, como Naturgy con Yamal LNG, lo que perpetúa el ciclo de financiación a Moscú.

Italia, por su parte, logró un avance significativo en 2024 al prescindir completamente del gas ruso, una medida que debería haber sido un ejemplo para España, pero que Sánchez y Ribera han preferido ignorar. El Partido Popular Europeo criticó a Ribera por su inacción, señalando que el país podría haber hecho lo mismo que Italia: establecer un objetivo claro de independencia energética y cumplirlo. En cambio, la dependencia energética de Rusia sigue siendo una realidad incómoda para España.

Pero ¿por qué sigue ocurriendo esto? Los acuerdos a largo plazo con empresas rusas, la falta de alternativas reales a corto plazo y la falta de voluntad política para romper con un modelo energético insostenible son algunas de las razones que explican este contraste brutal entre la retórica de apoyo a Ucrania y las acciones concretas del Gobierno español. Las compras de gas ruso no solo alimentan el régimen de Putin, sino que prolongan una guerra brutal que ya ha causado la muerte de miles de personas y ha desestabilizado a Europa.

Este doble rasero de Sánchez ha sido expuesto repetidamente por grupos como Vox, que no dudan en señalar la hipocresía de un gobierno que habla de solidaridad con Ucrania mientras sigue financiando el conflicto a través de las importaciones de gas.