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Gas, luz y carburantes por las nubes: España afronta el verano más caro

Una persona echando cuentas con las facturas en la mesa. / A.P.

La factura energética y del combustible sube sin freno mientras millones de familias encaran un verano económico asfixiante

El verano de 2025 se perfila como uno de los más caros en términos energéticos de la última década. Lejos de traer alivio, la temporada estival se ha convertido en un foco de tensión económica para millones de hogares, que ya sufren los efectos del encarecimiento del recibo eléctrico, el gas y los carburantes. Todo ello se produce en un contexto de incertidumbre energética tras el apagón del pasado 28 de abril, considerado el más grave de la historia reciente en España.

Desde aquel episodio, el precio de la electricidad no ha dejado de escalar. Si en abril el coste medio del megavatio hora (MWh) rondaba los 26 euros, en julio se ha cuadruplicado, alcanzando los 100 euros/MWh. Las causas principales son dos: el mayor uso de tecnologías fósiles como el gas natural —mucho más caras que las renovables— y el aumento del uso de servicios de ajuste, necesarios para equilibrar el sistema ante fallos o picos de demanda. A ello se suma la baja producción eólica y la reducción de eficiencia fotovoltaica durante las olas de calor.

Renovables al rescate… por momentos

A pesar de la tendencia al alza, algunos alivios puntuales han llegado con las últimas tormentas y rachas de viento, que han permitido a las energías renovables recuperar protagonismo en el mix energético. En varios tramos horarios, el precio de la electricidad incluso ha llegado a situarse en cero euros/MWh, beneficiando puntualmente a los consumidores acogidos a la tarifa regulada. No obstante, los expertos advierten que estas bajadas serán efímeras mientras no se estabilice el sistema.

El gas natural se mantiene en niveles altos

Otro de los factores que condiciona el coste de la energía es el precio del gas natural. El mercado Mibgas marca actualmente una media superior a los 34 euros/MWh, presionado por una alta demanda nacional y la previsión de un invierno complicado en Europa. España ha incrementado su consumo de gas en los últimos meses para respaldar el suministro eléctrico, confiando en las centrales de ciclo combinado como sistema de seguridad ante nuevas crisis.

Carburantes en ascenso: llenar el depósito, una odisea

El tercer gran frente para los bolsillos es el precio del combustible. Con el inicio del verano y el aumento de desplazamientos, tanto el gasóleo como la gasolina han encadenado varias semanas consecutivas de subidas. En julio, el gasóleo ha alcanzado los 1,425 euros/litro, mientras que la gasolina supera ya los 1,50 euros/litro en muchas estaciones de servicio.

Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica, solo en la primera quincena de julio, el gasóleo ha subido un 1,78% y la gasolina un 0,8%. Este incremento se produce en plena operación salida, lo que añade presión sobre los presupuestos familiares justo cuando se combinan el gasto vacacional y la preparación de la ‘vuelta al cole’.

Un horizonte incierto

Las previsiones para los próximos meses no son optimistas. A falta de medidas estructurales, tanto en diversificación energética como en reformas del mercado regulado, los analistas advierten de que los precios podrían mantenerse elevados hasta bien entrado el otoño. Y con la perspectiva de un nuevo ciclo de frío y consumo alto, la factura energética volverá a situarse como uno de los grandes desafíos del Gobierno y del conjunto de los ciudadanos.

Así, en un escenario de creciente inflación estructural, el “verano caliente” no será solo una metáfora climática, sino también un reflejo de la presión creciente sobre las economías domésticas.