EE.UU. y China sellan una tregua comercial: estas son las condiciones
El acuerdo, alcanzado en Ginebra, marca el primer gran gesto de distensión desde el recrudecimiento de la guerra comercial bajo la Administración Trump
En un movimiento clave para la economía global, Estados Unidos y China han acordado una reducción temporal de aranceles durante 90 días, en lo que supone el primer gran pacto bilateral desde que Donald Trump reavivara las tensiones comerciales a principios de año.
El acuerdo, anunciado este lunes, contempla que Washington reduzca sus gravámenes al 30% (desde el 145% actual) sobre productos importados chinos, mientras que Pekín recortará sus tasas al 10% (desde el 125%) sobre mercancías estadounidenses. La suspensión arancelaria entrará en vigor el 14 de mayo, según confirmaron ambas delegaciones tras dos días de intensas negociaciones en Ginebra.
Deshielo económico entre las dos potencias
El secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, y el representante comercial Jamieson Greer lideraron la delegación estadounidense. Por parte de China, la negociación fue encabezada por el viceprimer ministro He Lifeng, quien calificó el resultado como un paso “clave para el entendimiento mutuo y la estabilidad internacional”.
“Se han alcanzado consensos importantes que permitirán establecer un canal económico y comercial permanente”, declaró He Lifeng a medios estatales chinos.
Donald Trump, por su parte, celebró el pacto como un “reinicio total, amistoso y constructivo”, subrayando que su objetivo sigue siendo reducir el déficit comercial de EE.UU. con China, que alcanzó 263.000 millones de dólares en 2024.
Impacto inmediato en los mercados
La tregua arancelaria ha generado un efecto positivo inmediato en los mercados financieros. Los futuros del Dow Jones subieron un 1%, los del S&P 500 un 1,3% y los del Nasdaq Composite un 1,7% en las horas posteriores al anuncio. Las bolsas asiáticas también respondieron con entusiasmo, cotizando al alza durante toda la jornada del lunes.
Mecanismo de diálogo permanente
Uno de los frutos más destacados del encuentro ha sido la creación de un mecanismo bilateral de consulta económica y comercial, que funcionará como canal directo de comunicación para evitar futuras escaladas y resolver disputas en igualdad de condiciones.
“China ha actuado desde su responsabilidad como potencia global. El diálogo debe primar sobre la confrontación”, subrayó un editorial del Diario del Pueblo, portavoz oficial del Partido Comunista Chino.
Contexto de tensión global
Este acuerdo llega tras meses de crecientes restricciones mutuas, iniciadas con los aranceles impuestos por Trump sobre componentes electrónicos, automóviles y maquinaria pesada de origen chino. La respuesta de Pekín no se hizo esperar, con gravámenes sobre productos agrícolas, manufacturas y tecnología estadounidense.
Ambos países se encontraban en una peligrosa espiral proteccionista que amenazaba con frenar el comercio mundial, aumentar la inflación global y perturbar las cadenas de suministro ya tensadas por conflictos previos y la ralentización económica post-pandemia.
¿Un pacto duradero o una tregua estratégica?
Aunque el recorte de aranceles se limita a 90 días, tanto Pekín como Washington han dejado abierta la puerta a una prórroga o incluso a un acuerdo comercial más ambicioso si los avances se consolidan.
No obstante, los portavoces oficiales chinos han reiterado que no aceptarán imposiciones unilaterales. “China tiene paciencia, resiliencia y determinación para mantenerse firme”, recordaban este lunes en editoriales oficiales, apuntando a que la cooperación no significa concesión.