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El Diario de Cantabria

OBITUARIO

Pepe Ingelmo, adiós a un campeón

El 24 de julio mi agenda personal me señalaba que tenía que felicitar a Fidel Linares por su cumpleaños. Pero muy temprano -las malas noticias no descansan- Edu Ingelmo anunciada la muerte de su padre en el Hospital de Sierrallana. Desgraciadamente no era una sorpresa y ya hace unos días, en la presentación del Campeonato Regional en Treceño, nos felicitábamos por la presencia de siete veteranos campeones y justificábamos la ausencia de Pepe Ingelmo porque se encontraba jugando seguramente su última partida, una partida que ya todos sabíamos que iba a perder, que todos íbamos a perder.

Pepe Ingelmo, adiós a un campeón

Nunca es fácil escribir en estas circunstancias porque a uno se le amontonan más los sentimientos que los conocimientos, pero me siento moralmente obligado a dejar constancia de su paso por esta vida dedicada a los bolos, a dejar unos rasgos de su irrepetible personalidad, para que los más jóvenes conozcan y nunca olviden a los grandes hombres que forjaron, con muchísimo esfuerzo, la historia de nuestro juego, y para decir a su familia que siendo muy conscientes de ello, les estaremos eternamente agradecidos por el mucho tiempo que les quitó para dedicárselo a los bolos, a los demás.

Aunque el espacio de que dispongo es mucho -gracias a Merche Viota y a ALERTA- no sería suficiente para contar la trayectoria deportiva y humana de Pepe Ingelmo. Nació en Torrelavega el 15 de diciembre de 1945, es decir que nos dejó con 73 años, demasiado joven, y en unos momentos en los que ya jubilado de todas sus obligaciones podría disfrutar de la familia, especialmente de sus nietos. Vivía cerca de la vieja bolera Carmelo Sierra y su infancia transcurre en unos momentos en los que el ciclón Ramiro González convulsionaba el mundo de los bolos. Jugar en aquel corro siempre ocupado por los mayores era algo harto imposible por lo que junto a otros chavales construyeron su propia bolera para emular a los ases. No se le daba nada mal -tenía una gran fortaleza- pero le atraía más el balón y ejercía de portero en cualquier partido que se jugara en aquellas calles sin apenas automóviles pero que dejaban señales en sus rodillas, heridas que se aplacaban con un poco de mercromina y un mucho de amor propio. Y no lo hacía tan mal cuando llegó a jugar de portero en la Gimnástica, Barreda y Laredo, pero, afortunadamente para los bolos, una lesión en su hombro le obligó a colgar los guantes y coger las bolas.

La cercanía de la serrería de su familia a la bolera de La Llama le llevó a comenzar allí jugando en 1961 con un equipo de la Peña Telesforo Mallavia en la Liga de Segunda, un equipo muy joven campeón de uno de los grupos, dando el salto al año siguiente al Torneo Diputación y enfrentarse y sufrir a los intratables colosos de ‘La Partidona’ de Las Higueras -Cabello, Salas, Ramiro y Escalante- del momento. Digo sufrir porque de las cinco ligas consecutivas que ellos ganaron, los jóvenes torrelaveguense perdieron tres con los mismos puntos. En 1970, tras un problema en un partido con la SD Buelna, la Peña Mallavia, en desacuerdo con el fallo del Comité, decide abandonar la competición, y al año siguiente Pepe juega otra vez la Liga de Segunda, en Oruña con la Peña Construcciones Quintana, ganando la liga pero no continúan jugando. Otra vez sin peña, por poco tiempo ya que la Bolística -que había destronado a ‘los colosos’ e iniciaba su década prodigiosa- le incorporó con un equipo de gala junto a Arenal, el Belga, Benito y Linares. Fueron nueve temporadas llenas de éxito pues a las cinco Ligas, sumaría una Copa, un Campeonato de España de Peñas, cuatro título de parejas con Fidel Linares, y su mayor éxito individual, el Campeonato Regional conquistado en El Verdoso en 1978.

A pesar de encontrarse muy a gusto jugando en la Bolística, no pudo resistirse a iniciar una nueva etapa deportiva en otra peña de Torrelavega llamada a conseguir grandes éxitos, Construcciones Rotella, si bien no fueron los posibles triunfos los que le ayudaron a tomar la decisión sino la oportunidad que se le ofrecía para dejar su trabajo en la serrería familiar y montar su propia empresa.

Con la Peña Rotella lo ganó todo, comenzando en 1981 jugando la Liga de Segunda y ganando otra vez la liga de esa categoría, la tercera. Allí coincidió con los grandes jugadores del momento, Tete Rodríguez, Fuentevilla, Florentino, Calixto, Agustín, Rodrigo, Mallavia… En las diecisiete temporadas que allí jugó conquistó 8 ligas, 11 torneos de Copa y 13 campeonatos de parejas, junto a Tete Rodríguez. Cuando en 1998 la Peña Construcciones Rotella anunciaba el abandono de la competición, lo hace manifestando públicamente el agradecimiento a su gran capitán y el 20 de marzo de 1999 le organiza un brillante, multitudinario y emotivo homenaje en Suances, en el que estuvieron presentes representantes de nueve federaciones y recibiendo de ellas cuatro insignias de oro, incluyendo a la Federación Española y a la Cántabra, además del anuncio por parte del consejero Javier López Marcano, de la Medalla de Plata al Mérito Deportivo de Cantabria, y de multitud de regalos, muestra evidente de lo que su personalidad representaba en el mundo de los bolos.

También ejerció de valedor, de embajador bolístico, por sus buenas relaciones con los emigrantes cántabros y asturianos a Chile y Argentina, ayudando a recuperar los viajes de la selección española al otro lado del charco -en diciembre de 2017 acudió a México a la inauguración de la bolera de la Casa de Cantabria-, viajes que también realizó con la Peña Construcciones Rotella. En 1988, en Buenos Aires, se proclamó campeón del mundo -título oficioso- individualmente y por parejas, cerrando así un brillante palmarés: 28 títulos de peña, 17 de parejas, el regional individual y los tres subcampeonatos de España, su asignatura pendiente, que Tete y Fuentevilla le privaron.

Sabedor de que las fuerzas se iban apagando, en 1998 se comprometió con la peña de Renedo, conquistando 2 copas de la FEB y dos subcampeonatos de la Liga Nacional. Su afición se resiste a pasar a la reserva y en los últimos años, con licencia de Primera, participa en la peña creada por su hijo Eduardo, la Peña Maderas Ingelmo, y más adelante, ya con licencia de veterano, juega en la Bolística hasta la temporada 2018. ¡Sesenta años jugando a los bolos!

Acaban así los méritos en la bolera pero llegarían otros no menos importantes conquistados fuera de ella, aunque no lo fueran para agrandar su laureado palmarés sino el de los torrelaveguenses y el de los bolos. A la vista de la delicada situación económica y deportiva de su querida Peña Bolística, acepta el compromiso de acceder a la presidencia de la Peña, a la que tras unos años muy difíciles devuelve a la máxima categoría de tal modo que cuando en 2009 nace la División de Honor -como ocurriera en 1958, la primera liga- la Bolística participa en ella y cuando en 2013 Pepe Ingelmo considera que el barco navega sin problemas cede el testigo a Luis Ángel Mosquera. En esos años de presidente, disfrutó de los actos y homenajes recibidos por la peña en 2010 por la celebración de los 75 años, como la Medalla de Oro de la Ciudad de Torrelavega, la Medalla de Oro de la Federación Cántabra -es la única Peña- o la Placa de Oro del Gobierno de Cantabria.

Y cuando parecía que sería en la bolera, jugando en el equipo de vetarnos de la Peña, donde terminaría sus servicios a los bolos, cuando podría haber alegado poderosas razones para renunciar, se sumó al nuevo equipo federativo encabezado por Serafín Bustamante, como vicepresidente, y como tal cumplió hasta el último momento, entregando la Supercopa a Peñacastillo Anievas Mayba en Cerrazo el pasado 29 de mayo. Luego empezó su último partido y hoy lloramos su muerte.

Son muchas las virtudes que atesoran la personalidad de Pepe Ingelmo, un personalidad que se transformaba, muy distinta dentro o fuera de la bolera. Dentro era un luchador, un ganador, nunca se daba por vencido. No era amigo de lisonjas y pasamanos, no le gustaba que los aficionados le dijeran nada de su juego, ni siquiera que le dieran ánimos. Decía que él ya sabía lo que tenía que hacer y en ello ponía todo el alma. Acabada la competición se transformaba era una persona afable y muy cercana, sincero, altruista, muy generoso, prudente y amigo de todos. Pero si tuviera que destacar un dato significativo del amigo Pepe, diría que por encima de todo y de todos era recto, duro, tenaz, en el amplio sentido de esas palabra. En su proceder no existía la línea recta, mejor dicho no existía la línea, tenía por norma una larga y recia viga de los viejos robles de Cantabria con los que él tanto trajinó -con bravura y energía, con sus propias manos cuando todavía no existían las cómodas máquinas actuales-; podías contar con él y llegar acuerdos al principio o al final de ésta, pero en el camino nunca se torcía, nunca se salía de ella. Y me consta que ha sido así con familia y médicos en el duro proceso de su enfermedad, hasta el final. Genio y figura irrepetibles.

Hoy Pepe no te despedimos, llorosos y tristes solamente te decimos hasta luego, porque siempre estarás con nosotros, te necesitamos, porque las buenas gentes nunca mueren y tu huella permanecerá perenne en tu familia, en nosotros, en los bolos. Gracias por todo, Pepe. Te encontrarás pronto con muchos amigos allá a donde vayas, con Severino Prieto -de quien recibiste las primeras lecciones y muy buenos consejos-, con Fito -con quien jugabas a las cartas los viernes en Cerrazo, después de dar cuenta de las buenas viandas preparadas por Pilar y Fino, y te cantará el campanero en la torre…- y a los muchos compañeros directivos de la peña que te precedieron muy recientemente.

Yo, con el debido respeto a los que esto lean, porque sé a que a ti te gustaría, también quiero terminar cantando, la canción del concejo de Parres… cuando tus padres me riñaaaaaaaaaan- y así alargando las notas musicales durante casi treinta interminables segundos y cambiando un poco la letra… aaaaaaaaaan, no dejaremos de quererte.

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