Condenados por terrorismo de ETA y yihadistas de Hamás, entre los violentos en La Vuelta
La tarde caía sobre Madrid mientras las bicicletas se alineaban en la meta final. Pero en lugar de aplausos y pancartas, el asfalto de Callao presenció una escena inquietante: sirenas, empujones y rostros encapuchados. Entre los manifestantes, según fuentes policiales, se encontraban condenados por kale borroka y radicales islamistas. Todo en nombre de una protesta que no solo alteró el orden, sino que se llevó por delante el cierre festivo de una de las pruebas más emblemáticas del deporte español.
Una protesta planificada al milímetro
Fuentes policiales confirman que al menos nueve individuos con condenas por terrorismo de ETA fueron identificados durante los altercados en Callao. Todos ellos se habrían desplazado desde el País Vasco expresamente para participar en la protesta contra la presencia de Israel en La Vuelta.
"Estaban perfectamente organizados", señalan desde la Guardia Civil. Viajaron en autobuses fletados desde Bilbao con paradas concretas en la Sierra de Madrid, donde pretendían entorpecer algunos tramos de la carrera. Según la investigación, los implicados sabían cómo y cuándo actuar, algo que evidencia un grado de preparación inusual en este tipo de concentraciones.
Yihadistas con antecedentes entre los alborotadores
La sorpresa llegó cuando, además, varios hombres con antecedentes por terrorismo islamista fueron también identificados por agentes en la zona. Según confirmó EL MUNDO, estos individuos residen en la capital y tenían como objetivo sumarse a los disturbios.
El Ministerio del Interior, sin embargo, negó oficialmente que se produjeran identificaciones de este tipo. "No se produjo ninguna identificación con estos perfiles", aseguraron. Una versión que contrasta con las fuentes policiales consultadas, que insisten en la peligrosidad del grupo y en la veracidad de las actuaciones.
22 agentes heridos y un gobierno en silencio
El saldo de la jornada fue desolador: 22 policías heridos, dos detenidos y una prueba deportiva internacional empañada. Mientras tanto, el Ejecutivo pidía la expulsión de Israel de las competiciones internacionales, un gesto que fue interpretado por muchos como una forma de legitimar el clima de tensión que se respiraba en las calles.
Los sindicatos policiales han solicitado la dimisión del delegado del Gobierno en Madrid por "no garantizar la seguridad por conveniencia política". Acusan a Fernando Grande-Marlaska de haber antepuesto la narrativa oficial a la seguridad de los agentes y de los ciudadanos.
¿Polarización o permisividad?
El trasfondo de este episodio es más profundo que una simple protesta. La mezcla de radicalismo vasco, extremismo islamista y discurso institucional permisivo ha encendido las alarmas en los cuerpos de seguridad del Estado.
"La Vuelta era un objetivo simbólico. Reunía medios, público y presencia internacional. Era el escaparate perfecto para lanzar un mensaje", reflexiona un inspector de la Policía Nacional consultado por este diario. Y lo consiguieron: la última etapa fue suspendida entre pitos, abucheos y cargas policiales.
Un llamado a la responsabilidad
En un país donde las heridas del terrorismo aún no han cicatrizado del todo, y donde la violencia islamista ha golpeado con fuerza en el pasado reciente, permitir que ambos mundos coincidan en nuestras calles sin una reacción firme por parte del Gobierno es, como poco, alarmante.
La seguridad, como la democracia, se defiende todos los días. Y eventos como este recuerdan que la permisividad disfrazada de garantismo puede tener consecuencias imprevisibles.
La Vuelta volverá, como siempre. Pero lo que ocurrió este septiembre en Madrid ha dejado una sombra sobre el deporte, la seguridad y el relato institucional. Quizás sea hora de que la democracia también se defienda sobre el asfalto.