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La UIMP abre la XII Escuela de Arte y Patrimonio Sanz de Sautuola

Ángeles Albert de León, Matilde Carlón y Pilar Fatás. / x
La Universidad Internacional Menéndez Pelayo inaugura en Santander la XII edición de su emblemática Escuela dedicada al arte rupestre

Bajo la luz atlántica que baña el Palacio de la Magdalena, se ha abierto esta mañana la XII Escuela de Arte y Patrimonio Marcelino Sanz de Sautuola, uno de los foros académicos más destacados de España sobre arte prehistórico, conservación patrimonial y memoria arqueológica. Esta edición, organizada por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), gira en torno a un desafío crucial: la conservación sostenible de la Cueva de Altamira, una de las joyas más frágiles y valiosas del patrimonio mundial.

Con la participación de destacadas voces del ámbito institucional y científico, el encuentro ha quedado formalmente inaugurado en el comedor de gala del Palacio, en presencia de Pilar Fatás, directora del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira; Ángeles Albert de León, directora general de Patrimonio Cultural y Bellas Artes del Ministerio de Cultura; y Matilde Carlón, vicerrectora de Relaciones Institucionales de la UIMP.


Un patrimonio vivo, no un museo estático

En su ponencia inaugural, Ángeles Albert defendió una tesis tan firme como reveladora: "Conservar antes que restaurar". Subrayó la necesidad de una estrategia preventiva, transversal y coordinada, que proteja la autenticidad material y simbólica de lugares como Altamira frente al paso del tiempo y la presión humana.

Altamira no es solo un lugar, es una metáfora de lo que somos”, declaró. Y añadió: “Nuestro patrimonio es una riqueza de valor esencial que no pertenece al pasado, sino que sostiene el futuro”. La conservación, en este sentido, se presenta no como una técnica aislada, sino como un acto de responsabilidad colectiva, política y cultural.


Una década de vigilancia científica

La Escuela se centrará este año en el análisis crítico del Plan de Conservación Preventiva de Altamira, aprobado en 2014 por el Patronato del Museo y aplicado desde entonces con una rigurosa actualización tecnológica. Este plan —pionero en su enfoque multidisciplinar— monitoriza los factores que afectan a la cueva y ajusta, en tiempo real, los protocolos de acceso, iluminación, humedad o contaminación.

Pilar Fatás, al frente del museo y centro de investigación, celebró no solo los avances técnicos, sino el valor de una comunidad científica que ha hecho de Altamira un laboratorio de vanguardia para la conservación del arte rupestre. “Conservar Altamira es conservar la inteligencia simbólica de la humanidad”, afirmó con rotundidad.


De la teoría a la evaluación: Diez años de experiencia

En 2015, la UIMP ya acogió un curso monográfico dedicado a la implantación de este plan. Una década después, el encuentro vuelve a mirar hacia la cueva, pero desde otro ángulo: el de la evaluación de sus resultados y el estudio de sus logros y límites.

Se analizarán casos de éxito, zonas de riesgo, nuevas técnicas de teledetección, análisis bioquímico y fotogrametría de alta resolución, así como modelos de gestión extrapolables a otros yacimientos. Altamira, con más de 36.000 años de historia pigmentada en la piedra, se convierte de nuevo en el epicentro del diálogo internacional sobre patrimonio, sostenibilidad y ciencia.


Una Escuela con perspectiva global

Más allá del enclave local, la Escuela de Arte y Patrimonio busca sensibilizar y formar a nuevas generaciones de técnicos, arqueólogos, gestores y responsables institucionales. Se hablará de ética patrimonial, de turismo sostenible, y de cómo educar en el respeto por lo irremplazable. Porque como recordó Albert de León, “Altamira no pertenece a este siglo, pero este siglo es responsable de su supervivencia”.