artes escénicas

Trueba&Trueba lanzan el reto imposible de representar 30 obras en solo 1 hora

El espectáculo se titula —con irónica humildad— “Un intento valiente de representar 30 obras en 1 hora”, y lo firma el dúo creativo Trueba&Trueba
Espectáculo de la compañía Trueb&Trueba.  x
Espectáculo de la compañía Trueba&Trueba. x

La noche del viernes 6, a las 20:00 horas, el Café de las Artes Teatro será el escenario de una auténtica hazaña escénica sin precedentes: siete intérpretes, un reloj implacable y treinta historias que deberán nacer, crecer y morir en apenas una hora vertiginosa. El espectáculo se titula —con irónica humildad— “Un intento valiente de representar 30 obras en 1 hora”, y lo firma el dúo creativo Trueba&Trueba, sinónimo en la escena cántabra de riesgo, irreverencia y verdad.


Cuando el teatro se convierte en vértigo: 30 relatos reales, 60 minutos sin red

Imagina una función en la que no hay red, ni rutina, ni garantías. Donde el público decide —casi como un dios caprichoso— el orden, el ritmo y el caos de la representación. Así funciona esta propuesta: una ruleta dramática guiada por la improvisación profesional, en la que los actores deben encarnar 30 microobras de géneros tan dispares como la comedia más absurda, el drama visceral, el terror contemporáneo, la crónica social, el musical exprés o el monólogo confesional.

Pero lo que convierte esta propuesta en algo profundamente único no es solo su ambición formal, sino su raíz emocional: todos los textos están escritos por los propios intérpretes, y están basados en hechos reales. El resultado es una intimidad escénica que roza lo brutal: cada pieza es una herida abierta, una confesión disfrazada de ficción, un acto de valentía desnuda.


El montaje, dirigido con pulso firme por Sergio Maggiolo, y producido por Caque Trueba y Juan Trueba, es un artefacto teatral en constante mutación, irrepetible en cada función. No hay dos noches iguales. Lo que se verá este viernes en el Café de las Artes será un acto irrepetible de entrega colectiva, de sudor, de precisión y de caos fértil.

Porque este no es un espectáculo más: es un laboratorio emocional, una montaña rusa escénica que demuestra que el teatro, cuando se atreve a jugarlo todo, puede convertirse en un espejo feroz del presente.

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