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Raúl Gutiérrez: "Mi divorcio de La Fuga fue peor que mi divorcio sentimental"

"Con ese divorcio lo pasé peor que con mi divorcio sentimental", reconoce Rulo, después de esta obra confesional que ha titulado "Tres acordes y la verdad"
Rulo durante la presentación de su libro 'Tres acordes y la verdad'. / ALERTA
Rulo durante la presentación de su libro 'Tres acordes y la verdad'. / ALERTA
Raúl Gutiérrez: "Mi divorcio de La Fuga fue peor que mi divorcio sentimental"
Aunque algún amigo le haya dicho que en la "semibiografía conversada" que publica hay "pa'todos y patadas", lo cierto es que en este repaso a sus primeros 40 años de vida lo que el alma de Rulo y la Contrabanda ha volcado es honestidad "desde la serenidad y sin rencor" para hablar hasta de su marcha de La Fuga.

"Con ese divorcio lo pasé peor que con mi divorcio sentimental", reconoce a Efe Raúl Gutiérrez (Reinosa, 1979), después de esta obra confesional que ha titulado "Tres acordes y la verdad", consciente de que esta es "su verdad" y de que el tiempo tiende a "barnizar" sus colores.

No es hombre de "mirar hacia atrás", puntualiza antes de nada. "Pero los 40 años eran un buen momento para hacer balance y gracias a este frenazo en seco de la pandemia me pude sentar a hacerlo. Me ayudó a aliviarme los miedos de esos meses y sobre todo a decir gracias, porque a menudo estamos tan liados que no nos damos cuenta de lo que tenemos", reflexiona a continuación.

Autoeditado y escrito con la ayuda de África Egido, la periodista le pregunta nada más arrancar este libro en formato de conversaciones por teleconferencia que si va a poner límites a las preguntas.

"Solo ha habido dos cosas que hemos borrado porque podían hacer daño a dos personas, una a la que quiero mucho, y que eran intrascendentales. Me he abierto en canal como en las canciones, porque si no, no lo hago. No sé hacer las cosas midiéndome", asegura el cántabro.

Esa honestidad de la que siempre ha hecho gala vuelve a exhibirla para revelar momentos divertidos y un tanto embarazosos (como que durante una época de La Fuga liberaban tensiones defecando en cualquier parte o sacando sus genitales en el camerino al término de los "shows"), pero también para contar cómo su hermana lo sentó un día para decirle que tenía "un problema con el alcohol".

"La verdad duele, pero reflexioné. Para hacer frente al público, me tomaba igual dos copas antes de empezar y luego seguíamos bebiendo durante la actuación para matar la sed, así que al acabar igual nos habíamos tomado 8 o 10 copas, cada día", reconoce sobre una etapa que decidieron atajar con una reducción drástica de ese consumo.

Gutiérrez muestra una constante necesidad de huida: de un padre con el que se llevaba mal de adolescente, de los estudios, de su vida como fontanero, de su exbanda, de su primera relación estable...

"Mi punto de inflexión en la vida fue la separación de mis padres. Yo era el único en esa situación en Reinosa por entonces. No sabes cómo marcó mi carácter, pero la música me salvó. Otros amigos que pasaban cosas malas en casa fueron por un lado más oscuro y algunos incluso fallecieron. Yo estuve cerca, pero nunca me metí en ese abismo", cuenta.

Sobre ese ánimo de huida que hasta dio nombre a su primera banda de éxito, señala: "Todos huimos y yo me considero un inconformista emocional. Ya he vivido en una relación sentimental un acuerdo de mínimos y no me vale, y también en una banda, y tampoco me vale. Entonces vienen épocas de transición muy duras, pero la recompensa posterior es la hostia".

El cántabro se pronuncia por primera vez en 10 años del final de La Fuga y habla desde "la serenidad" sobre las razones de su marcha de una formación de la que él había sido el principal impulsor y compositor, incluso creador de la mayor parte del "merchandising", y a la que renunció completamente, incluso al nombre a cambio de nada.

"No fue solo el dinero, sino el desgaste y el paso del tiempo en una relación muy intensa. También el intento de cambiar los roles dentro del grupo. Cuando ahora veo una banda bien avenida, pienso: ¡Qué guay! Porque eso dura dos años, pero es maravilloso", opina.

El transcurso de los años ayudó a limar las asperezas entre sus padres, que ahora veranean juntos, pero de momento no ha conseguido reentablar conversación con su excompañero, el guitarrista Nando G. Miguel, que se quedó al frente de La Fuga.

"Nos cruzamos una vez en Reinosa al mes de pasar todo. Me saludó y no me salió devolverle el saludo. Me jode, porque no me gusta el rencor. Es lo peor, porque te impide caminar a ti mismo. Yo no le tengo rencor a nadie y en este libro se percibe", apunta 11 años después de su salida del grupo.

Uno de los puntos fuertes de "Tres acordes y la verdad" es que sus prolegómenos como músico pueden servir a muchas bandas jóvenes como mapa de ruta sobre cómo abrirse camino en la industria sin ningún padrino.

"La perseverancia es mi único consejo", dice al respecto... y también la vocación. "Una persona con las ideas claras es muy peligrosa; pues imagínate si te juntas con otras tres así", apostilla.

Raúl Gutiérrez: "Mi divorcio de La Fuga fue peor que mi divorcio sentimental"
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