Del Quijote al cristal: Pombo convierte su Cervantes en un espejo del presente
El Premio Cervantes reflexiona sobre El licenciado Vidriera, la condición humana y el humor como forma de resistencia literaria
“La ironía cervantina es no tenérselo creído”, declaró recientemente Álvaro Pombo, escritor cántabro galardonado con el Premio Miguel de Cervantes 2024, y protagonista absoluto de la Semana Cervantina que arranca este lunes. Con un tono tan lúcido como irreverente, el autor santanderino prepara su discurso centrado en El licenciado Vidriera, una de las novelas ejemplares menos transitadas, pero quizás más cargadas de resonancias contemporáneas: “La locura y la lucidez se confunden en Vidriera, como en el siglo XXI”, ha afirmado Pombo.
El acto central será el próximo miércoles 23 de abril, Día Internacional del Libro, en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, presidido por Sus Majestades los Reyes. Previamente, el martes, el Palacio Real acogerá el tradicional almuerzo con representantes del mundo literario, según recoge la Agenda de la Casa Real.
Un premio que llega con sabor a despedida
A sus 85 años, Pombo no esconde que este galardón puede ser su última gran celebración pública. “Va a ser lo último que gane”, bromeó en noviembre pasado tras el fallo del jurado, entre reflexiones económicas cargadas de una honestidad casi brutal: “El dinero se va... en la plaza, en el pescado, no en los vicios. El premio es muy bueno, espero que cunda”. Lo dijo, como tantas veces, desde la ironía que le ha convertido en una de las voces más libres y mordaces de la literatura española.
Un escritor entre Santander, Londres y Cervantes
Álvaro Pombo y García de los Ríos, nacido en Santander en 1939, ha forjado una carrera literaria que ha desbordado géneros y etiquetas. Filósofo de formación, poeta por pulsión y novelista por destino, ha sido definido por el jurado como “uno de los grandes renovadores del realismo subjetivo”, con una obra que indaga en la condición humana desde las perspectivas afectivas.
“Verosimilitud y verdad”, el título de su discurso de ingreso en la Real Academia Española (2004), resume esa búsqueda entre la palabra y el alma, entre lo que se dice y lo que se siente. Es el autor de títulos capitales como Donde las mujeres, La cuadratura del círculo o El cielo raso, galardonados con el Premio Nacional de Narrativa, el Fastenrath o la Fundación José Manuel Lara, respectivamente.
Pombo frente a Cervantes: una fraternidad improbable
En su reflexión pública tras recibir el Cervantes, Pombo no eludió la irreverencia: “Cervantes era un pringado genial. Un pobrecillo. Solo tenía el talento, la gracia y esa especie de humor”. El escritor cántabro, que cultiva una estética de la fragilidad lúcida, ve en el autor del Quijote una figura maltratada por la historia y el presente: ninguneado en vida, plagiado por su éxito, olvidado por la política de su tiempo.
Pombo se ha propuesto este año devolverle voz y verdad al Cervantes menos heroico: el de los personajes que hablan solos en la calle, los que piensan demasiado, los que viven entre el juicio de los otros y su propia incomodidad existencial. El licenciado Vidriera, que cree estar hecho de cristal y que solo cuando calla se cura, es para Pombo “una metáfora de nuestra época”. ¿No estamos todos un poco hechos de vidrio?
Vargas Llosa, presente en la ausencia
La ceremonia de este año estará marcada también por la sombra reciente de otro gigante: Mario Vargas Llosa, fallecido este mes de abril. Ganador del Cervantes en 1994, del Nobel en 2010 y del Príncipe de Asturias en 1986, su figura se alza inevitable en esta edición como un recordatorio de que la literatura hispánica se escribe con memoria, conflicto y genio.
La lengua española como patrimonio compartido
En su rueda de prensa en la RAE, Pombo recordó que “la lengua española es un don de lenguas, no solo de la patria castellana”, reivindicando su riqueza “diversa, solemne, cómica y rápida”. El jurado, por su parte, ha subrayado su estilo oral, esa capacidad de escribir como quien habla, y de mirar como quien escucha.
El escritor, siempre entre el desparpajo y la profundidad, dejó otra sentencia memorable:
“La ironía es mortal para el irónico. No es un sentimiento primario, es un segundo pensamiento.”
Homenaje a un maestro inimitable
Cuando Pombo suba al escenario este 23 de abril, lo hará no solo como el hijo más ilustre de Santander del año, sino como uno de los últimos grandes autores capaces de unir rigor filosófico y ligereza poética, el que escribió poesía cuando pocos lo hacían, el que leyó a Henry James cuando España aún hablaba en voz baja, el que reivindicó la homosexualidad, el deseo y la culpa en tiempos literarios de represión.
Este año, la Semana Cervantina no celebrará solo a Cervantes, sino también a uno de sus lectores más lúcidos, irónicos y amorosamente combativos. Y quizá, al final, lo que quede no sea el dinero del premio —que, como dice Pombo, se va— sino el eco de un lenguaje que, como el suyo, nos sigue hablando aunque no sepamos muy bien cómo escucharlo.
“Nunca terminas de estar satisfecho”, dijo. Tal vez por eso seguimos escribiendo. Y leyendo.