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El Diario de Cantabria

ALTAMIRA

Pedro Saura: "Queríamos volver a ver Altamira, no una cosa que pareciera Altamira"

El coautor de la reproducción de la cueva de Altamira para el museo nacional y centro de interpretación, Pedro Saura, este jueves en Santillana del Mar. / EFE/ Pedro Puente Hoyos
El coautor de la reproducción de la cueva de Altamira para el museo nacional y centro de interpretación, Pedro Saura, este jueves en Santillana del Mar. / EFE/ Pedro Puente Hoyos
Pedro Saura: "Queríamos volver a ver Altamira, no una cosa que pareciera Altamira"

Pedro Saura, coautor de la reproducción de la cueva de Altamira para el museo nacional y centro de interpretación, reconoce que cada vez que entra a ver su obra, con el fin de buscar defectos, la ve mejor, porque cree que "el tiempo juega a su favor".

En una entrevista con Efe, con motivo de su participación en los actos del Día Internacional del Arte Rupestre, Saura explica que al haberse utilizado los mismos materiales en la neocueva del Museo Altamira que en la verdadera -roca caliza, pigmento, carbón y agua-, sus formas va cambiando con el paso de los años.

También afirma que para él "sigue siendo emocionante" entrar a ver esta réplica, inaugurada en 2001, y por ello la visita al menos tres veces al año.

"Es tan emocionante que me siento afortunado", reconoce sobre el hecho de haber pintado la reproducción que ha abierto al mundo cómo es la cueva de Altamira, pues la original tiene su acceso limitado a una visita semanal para cinco personas, de 37 minutos, bajo un estricto protocolo de indumentaria e iluminación, y con un recorrido y tiempos de permanencia definidos para cada zona de la cueva.

Sobre su "colega", el autor de la cueva que descubrió casualmente Marcelino Sanz de Sautuola con su hija María, Pedro Saura (Murcia, 1948) está convencido de que, además de ser un "personaje relevante" y "único" en su grupo, era un profesional "integral".

"Nos hemos convertido -él y la coautora de esta obra, su mujer, Matilde Múzquiz (quien falleció en 2010)- en los pintores de la prehistoria, pero porque en realidad somos los mismos. Se dedicaban a lo mismo que nosotros: pintar y dibujar. Somos colegas, lo hicieron hace 15.000 años, pero somos los mismos", enfatiza.

Por ello cree que si en la actualidad alguien se cruzara por la calle con el pintor de Altamira, una vez duchado, afeitado y vestido, pasaría desapercibido.

A su juicio lo que dibujaba y pintaba el artista del Paleolítico era algo que le pedía el grupo, aunque, eso sí, sostiene que lo hacía a su manera.

"Yo voy a pintar el bisonte, que es lo que quiere el grupo, pero voy a pintar el bisonte que yo quiero pintar y con mi técnica de trabajo", precisa sobre el pensamiento del artista de la época, al tiempo que bromea con que es lo mismo que le sucedía a él en la mili: "Los compañeros me hacían dibujarles cositas".

Sin embargo, este fotógrafo, pintor y cineasta, que conoce bien los emblemáticos bisontes de Altamira, pues los ha reproducido en tres ocasiones para un grupo de japoneses, para el Parque de Prehistoria de Asturias y en la citada neocueva, cree que será muy difícil saber con qué intenciones se pintaron durante el Paleolítico.

Lo que sí tiene claro es que esos grabados y pinturas responden a un medio de comunicación, es decir, se quería transmitir un mensaje.

Además, recuerda que Matilde Múzquiz y él siempre tuvieron en sus trabajos el objetivo de hacer un proceso "lo más idéntico posible" al original, pues cuando se les encargó el trabajo de reproducir Altamira fueron a ver la copia de la cueva de Lascaux, que les pareció "una chapuza" al estar sustentada por cemento.

"Queríamos volver a ver Altamira, no una cosa que pareciera Altamira. Por eso creamos un protocolo para reproducir rigurosamente todo", reivindica.
 

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