Paloma San Basilio da voz a una ‘Dulcinea’ en su regreso a los escenarios

Con textos de Unamuno, ecos cervantinos y dirección de Juan Carlos Rubio, ‘Dulcinea’ es un viaje emocional en el que la voz de Paloma San Basilio y el piano de Julio Awad reconstruyen la esencia de lo femenino

‘Dulcinea’ reflexiona sobre el derecho de la mujer a sentir, pensar y ser escuchada. / x
‘Dulcinea’ reflexiona sobre el derecho de la mujer a sentir, pensar y ser escuchada. / x

En su esperado retorno a los escenarios cántabros, Paloma San Basilio se apropia de una Dulcinea renovada, una criatura que la intérprete define como “un reflejo quebrado que decide recomponerse”. La artista, de presencia magnética, confiesa que este personaje se mira a sí misma “desde el otro lado del espejo”, lejos de la fragilidad mítica y cerca de una humanidad compleja, contradictoria y vibrante.

En este nuevo imaginario, Dulcinea transita entre mundos, como una Alicia cervantina, para reclamar su derecho a sentir, dudar, enfurecerse y seducir sin pedir permiso. La dramaturgia de Juan Carlos Rubio, atravesada por ecos de Unamuno, recupera a la mujer que Cervantes insinuó en Marcela: una voz que exige espacio, futuro y dignidad. Sobre el escenario, esas múltiples “voces de Dulcinea” dialogan para construir un retrato poliédrico de la feminidad contemporánea.


Un espectáculo “desnudo”, donde la verdad escénica se impone al artificio

San Basilio reivindica un teatro musical despojado, asentado en la vibración íntima entre su voz y el piano de Julio Awad, quien dirige la arquitectura sonora del proyecto. La artista subraya que esta propuesta nace de la necesidad de “limpiar el ruido del mundo” y volver a lo esencial: la emoción, la palabra y el silencio.

Estoy sin terminar”, asegura con ironía, defendiendo que la edad no es un límite sino un impulso creativo. Fiel a su compromiso con el escenario, celebra un género que define como “una patria emocional” donde la verdad pesa más que el aplauso.


Cervantes en clave contemporánea: un ideario que respira presente

Rubio reflexiona sobre la relevancia ética de recuperar a Dulcinea desde el siglo XXI: “la mujer que inspiró al Quijote fue diseñada como objeto; ahora se convierte en conciencia”. El monólogo final, atravesado por la mirada filosófica de Unamuno, ilumina los conceptos de amor, libertad y dignidad, tres ejes que sostienen la columna vertebral del montaje.


Un viaje musical tejido sobre la metamorfosis

Awad construye una partitura que evoluciona desde lo clásico hacia un pop emocional, acompañando la metamorfosis de esta Dulcinea insurrecta. Destaca la capacidad de San Basilio para reinventarse en cada compás: “es una búsqueda permanente de excelencia”.

‘Dulcinea’ llega así a Santander como un acto de resistencia poética, un canto íntimo que invita a mirar a las mujeres —y a sus silencios— desde un lugar nuevo, honesto y profundamente necesario.

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