El Palacio rinde homenaje a las primeras obras de los maestros de la música
Mañana martes 22. La ciudad se transformó anoche en un santuario de la creatividad juvenil, en un templo consagrado a ese instante prodigioso en el que la intuición de la genialidad aún no ha sido moldeada por la madurez, pero ya fulgura con voz propia. En el corazón de la ciudad, la Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria acogió el concierto “Genios adolescentes: Obras tempranas de compositores inmortales”, uno de los hitos más líricos y emotivos del XXIV Encuentro de Música y Academia de Santander.
Juventud, música y revelación
Organizado con el respaldo de Textil Santanderina y la Universidad de Cantabria, el evento subrayó el valor de lo que aún está por nacer: el arte en estado embrionario, pero ya rotundo. El programa fue un recorrido por los primeros trazos sonoros de cuatro titanes de la música clásica: Schubert, Rachmaninov, Shostakóvich y Dohnányi.
La velada abrió con el Trío con piano en si bemol mayor D. 28 “Sonatensatz” de Franz Schubert, escrito cuando el compositor contaba apenas 15 años. En esta obra, aún moldeada por la tradición clásica, ya asoma el lirismo transparente y melódico que haría de Schubert el poeta absoluto del Romanticismo. Lo interpretaron con elegancia transparente Xixi Gabel (violín), Christoph Richter (violonchelo) y Aude Van De Keere (piano).
Rachmaninov: Elegía desde la juventud
Le siguió una pieza cargada de melancolía precoz y dramatismo contenido: el Trío elegíaco n.º 1 en sol menor del joven Serguéi Rachmaninov, compuesto a los 19 años, apenas una sombra antes de convertirse en símbolo del alma rusa moderna. La interpretación de Félix Gazzaev, Richter y Kiryl Bartashevich llenó la sala de un patetismo elegante, trenzado entre pasajes de lirismo gótico y furia romántica.
El cierre de la primera parte fue un homenaje de altura: el Trío con piano n.º 1 op. 8 de Dmitry Shostakóvich, creado a los 17 años. En esta pieza —de una modernidad brutal y belleza inquietante— ya resuenan los ecos de su madurez: estructuras fragmentadas, tensión emocional y un lirismo punzante. La ejecución de Vilmos Szabadi, Imane Mahroug y Duru Erdoğan fue un auténtico ejercicio de interpretación sin concesiones, que sirvió también para conmemorar el 50 aniversario del fallecimiento del maestro soviético.
Dohnányi: La virtuosidad como llamada
La segunda parte del concierto elevó aún más la vara interpretativa. El Quinteto con piano n.º 1 en do menor op. 1 de Ernő Dohnányi, compuesto a los 17 años, cerró la velada con una explosión de energía romántica, armonías audaces y un diálogo vibrante entre cuerdas y piano. Subieron al escenario Vilmos Szabadi, Slavina Teneva, Manuel del Horno, Nadia Barrow y Abel Hox, que ofrecieron una lectura de gran tensión expresiva y virtuosismo grupal, digna de un festival consagrado a la excelencia.
Juventud que atraviesa el tiempo
Este programa doble, que también se replicó en la Iglesia de San Julián y Santa Basilisa de Isla, confirmó lo que este Encuentro de Música y Academia ha defendido durante 24 ediciones: el talento joven no necesita esperar a la madurez para conmover. En los pasajes escritos por compositores adolescentes, se escuchó no solo la voz del futuro, sino también la memoria del arte en su forma más pura.