artes escénicas

Mónica González Megoya traza un mapa escénico del abismo en Escena Miriñaque

Escena de la obra 'La geometría del vacío'. / x
La Sala Escena Miriñaque se convierte en un lienzo de tensiones invisibles con el estreno de 'La geometría del vacío', una propuesta radicalmente contemporánea nacida del laboratorio de creación in-fringe

La escena cántabra se prepara para recibir una de las propuestas más experimentales y potentes de la temporada: “La geometría del vacío”, una pieza que se pregunta, con la voz temblorosa de lo no dicho, qué forma tiene la ausencia, qué peso contiene el silencio, y cómo se habita el límite entre lo visible y lo que se intuye.

La obra, que verá la luz este jueves 29 de mayo a las 20:00 horas en la Escena Miriñaque (Santander), forma parte del ciclo de creaciones del laboratorio in-fringe, un espacio de investigación escénica que ha dado lugar a lenguajes escénicos híbridos, intensos, de fuerte carga simbólica y vanguardia estética.

Mónica González Megoya, directora de esta propuesta y una de las voces más singulares del teatro contemporáneo emergente, construye aquí una dramaturgia no verbal, donde lo que no se dice retumba más que cualquier palabra. La geometría a la que alude el título no es euclidiana: es emocional, corpórea, sensorial. Un trazo que delimita el vacío, lo contornea, lo revela.

El cuerpo, la luz y el ritmo interno de los espacios se conjugan para explorar lo que queda cuando todo se ha ido, y en ese borde afilado se despliega una narrativa sin palabras, cargada de poesía visual y densidad simbólica.

La Sala Escena Miriñaque, referente de la escena alternativa en Cantabria, continúa así con su apuesta por acoger propuestas arriesgadas, generadas desde la investigación artística y la autoría local. El laboratorio in-fringe, del que surge esta creación, se ha consolidado como incubadora de nuevas dramaturgias, donde las formas narrativas convencionales son desbordadas en favor de una estética del riesgo y una ética del cuerpo presente.


🟨 Esta representación única de “La geometría del vacío” no es solo un espectáculo: es una cartografía del silencio, una escritura escénica con el cuerpo como caligrafía del abismo. Una oportunidad para vivir el teatro desde la raíz del asombro.