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El Diario de Cantabria

MI OBSERVATORIO

Medalla de Oro para el Instituto Santa Clara

Fotografía de la fachada del IES Santa Clara, en Santander.
Fotografía de la fachada del IES Santa Clara, en Santander.
Medalla de Oro para el Instituto Santa Clara

El pasado jueves le fue otorgada la Medalla de Oro del Ayuntamiento de Santander al IES Santa Clara, en un acto que tuvo por marco el Paraninfo de La Magdalena y estuvo presidido por la alcaldesa y el director del centro, con la presencia de la Corporación Municipal, la Consejera de Educación y representaciones militares. Un reconocimiento que llega cuando el instituto está próximo a cumplir 182 años.

Tal y como certificaba, en los inicios del año 1837, el secretario de la Diputación Provincial de Santander, don Leodegario Velarde, en posesión de los documentos originales en los que se hacía clara y contundente referencia al hecho, el Ayuntamiento Constitucional de Santander, presidido a la sazón por el primer regidor don José Ortiz de la Torre, al frente del consistorio al completo, firmaba el Expediente instructivo sobre el establecimiento de cátedras de enseñanza pública en esta ciudad de Santander y medios para atender a tan importante objeto, en fecha de 5 de enero de 1837.

Y, ¿cuál era el importante objeto al que se debía dotar de medios y atender? Pues, el establecimiento del primer centro de enseñanza público con el que había de contar la ciudad y la creación de «varias cátedras de enseñanza pública» al efecto, como reza el documento. Fue el primer y decisivo paso para el nacimiento del que poco después y por mucho tiempo sería conocido como Instituto Cántabro, uno de los centros de enseñanza directamente emanados de los primeros gobiernos (estatal y municipal) liberares, asentados en un texto constitucional, creados en España.   

Las argumentaciones eran varias y ajustadas a razón y derecho. Así, en la solemne sesión municipal celebrada no mucho tiempo después (el 18 de octubre de 1838), el secretario del citado Ayuntamiento, don Domingo Agüera Bustamante, declara que en el Libro de Actas correspondiente a ese día se arguye con claridad el siguiente y definitivo argumento propuesto por el Sr. Francisco Sánchez de Porrúa, uno de los firmantes:  ‘Hallándose la instrucción pública de esta ciudad en un estado de retraso inconcebible en los tiempos presentes y no faltando medios de repararla con el establecimiento con los estudios convenientes a una población mercantil, sin perjuicio de los estudios mayores que correspondan a esta ciudad según el plan general que las Cortes acuerden, pido al ayuntamiento se sirva determinar el que se forme una comisión mixta del Ayuntamiento, Junta de Comercio y Sociedad de Amigos del País, para el solo objeto de proponer al ayuntamiento con toda brevedad las cátedras de enseñanza pública que convienen a esta población, la dotación de los maestros, reglamento que deba regir en ellas y medios con que atender a tan importantes objetos.’   

Cierto es que el nuevo establecimiento educativo cuya sede habría de ser el exclaustrado convento de Santa Clara, fundado allá por en los finales del siglo XIII (existen diferentes opiniones al respecto en las que no toca introducirnos ahora), era heredero directo del Real Seminario Cántabro, creado en 1795, pero que nunca radicó en Santander, sino en Comillas y El Astillero, respectivamente y, si nos remontamos mucho más en el tiempo, justo será dejar constancia de la existencia de un Colegio Jesuítico en la ciudad, fundación de la insigne dama toresana doña Magdalena de Ulloa, en el siglo XVI y del que aún quedan rastros evidentes en la hermosa fachada de la iglesia de la Anunciación, más conocida por la Compañía, parte del conjunto inicial.

Es evidente que el otorgamiento de la Medalla de Oro del Ayuntamiento de Santander al Instituto Santa Clara, tal y como conocemos al primitivo arriba señalado, si bien hoy en el edificio inaugurado en 1916, al que se hicieron en su día reiteradas alusiones en estos observatorios dominicales, está sobradísimamente justificado -y añadiría a título estrictamente subjetivo-, que ha tardado demasiado tiempo en concederse… Pero, bienvenida sea, en todo caso, la adjudicación.

Aquel Instituto Cántabro, después Instituto Superior y Técnico, más tarde dividido en dos secciones, masculina y femenina y, a partir de 1967, Instituto de Enseñanza Media Santa Clara (por un tiempo breve, solamente femenino) al escindirse en dos centros, creándose el Instituto José María de Pereda, hoy el Instituto de Enseñanza Secundaria, ha sido, por encima de todo y durante más de un siglo, simplemente, el instituto. Y no sólo por ser el único en la ciudad, sino porque llegó a constituir un verdadero complejo de enseñanzas y disciplinas, tan diversificado como necesario y aglutinador de todo lo que tenía que ver con los estudios medios y en algunos aspectos, incluso superiores, de toda la entonces provincia. No se debe olvidar que la Universidad no se funda en Cantabria hasta 1972, siempre teniendo presente que la llamada Universidad Pontificia de Comillas, creada en 1890, solamente ejerció, en su sede cántabra, como Seminario, tutelado por la Compañía de Jesús.    

Tanto en las venerables instalaciones del antiguo convento de clarisas, como después en el edificio construido por Francisco de los Cobos y Lorenzo Gallego, tuvieron sede en diferentes etapas y con distinta duración en cada caso, la Escuela de Comercio y Náutica de Santander, esta sí, de fundación anterior (sus inicios se basaron en la Real Cédula de 1785 ligada al Real Consulado del Mar) y fruto, como en buena medida el propio instituto, de la acción de la Sociedad de Amigos del País, que, como en tantos otros lugares de España, aunque siempre autónomas, tan grande y fructífera labor desarrollaron mediante la puesta en práctica de sus postulados ilustrados; de igual forma, la antigua Escuela de Dibujo, que alcanzó gran prestigio, las Escuelas Normal de Maestros (después de Magisterio) y Provincial de Artes y Oficios, el Museo (germen del posterior Museo de Prehistoria), la primitiva Biblioteca Provincial y otras entidades dedicadas a la enseñanza, sin olvidar que, puntualmente, también cobijó, aunque por poco tiempo, al Hospital Militar. Por consiguiente, la cantidad de personalidades que han destacado de forma general en la cultura, la ciencia, las artes, la literatura…, en España, con proyección auténticamente mundial en varios casos, que pasaron por las aulas del Santa Clara, ha sido extraordinariamente abundante, tanto entre los docentes como, por descontado, entre los estudiantes y cuya enumeración resultaría prolija en grado sumo, además de conocida en buena medida.

Sirva pues, esta sucinta referencia, que bien pudiera tildarse de sumaria y hasta elemental, como reflejo de lo que significó el acto de entrega de la Medalla de Oro de Santander a su más longeva institución educativa, verdadero foco de irradiación de saberes y cultura a lo largo de casi dos siglos y que continúa con el brío y el dinamismo que siempre fueron seña inequívoca de identidad. Como simple ciudadano y, permítaseme, también como profesor que ha tenido el privilegio de impartir allí enseñanza, mi más calurosa enhorabuena.

Medalla de Oro para el Instituto Santa Clara
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