Calabrese y Zubelzu filman en Ferrol ‘Alwasiyya’, una elegía sobre el amor
La brisa atlántica de esta ciudad portuaria fue el último susurro que acogió las cámaras de ‘Alwasiyya’, un cortometraje que trasciende lo testimonial para convertirse en un ejercicio de memoria emocional, transformación interior y resistencia afectiva. Bajo la batuta de la directora Magda Calabrese y del cántabro Richard Zubelzu, el documental despliega una poética visual y narrativa sin fisuras, hilvanando los hilos de un relato personal con las tramas de una historia colectiva.
‘Alwasiyya’, vocablo que remite al árabe andalusí y que significa 'albacea', condensa la fuerza simbólica de quien asume no solo el luto, sino la custodia espiritual del legado de otro. En este caso, es Pepe quien encarna esa figura de heredero emocional, entregado a conservar y difundir la obra pictórica de su marido, el fallecido artista Ricardo.
Pero este no es solo un documental sobre la pérdida, sino sobre el renacimiento. A través de imágenes íntimas y una narrativa empapada de compromiso social, Pepe relata cómo la convivencia con Ricardo lo redefinió como ser humano, cómo ha reconstruido su identidad tras el duelo y cómo ese proceso de dolor lo ha abierto a nuevas realidades y luchas.
Rodado entre Ferrol y Madrid, el documental amplía su espectro para abordar cuestiones candentes: la crisis climática, las múltiples formas de opresión sistémica que viven colectivos como mujeres y personas trans, y la necesidad de visibilizar la realidad de los mayores LGBTIQ+, a menudo excluidos del discurso social dominante. En este sentido, el filme se convierte también en un alegato político y afectivo, a solo semanas de que se cumplan 20 años de la legalización del matrimonio igualitario en España.
El documental, producido por Objetivo Family Films, no elude las aristas del presente. Más allá del retrato intimista, ‘Alwasiyya’ se convierte en una pieza crítica, reflexiva y profundamente humana, que revaloriza el cuidado como forma de resistencia y la memoria como acto político.
Con este cierre en Ferrol, la obra inicia ahora su andadura por festivales nacionales e internacionales, erigiéndose como un documento esencial para entender no solo el poder del arte y el amor, sino también el lugar que ocupa el recuerdo compartido en la construcción de futuros más inclusivos y compasivos.