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Una cueva en Cantabria revive tras décadas en el olvido y desvela un arte único en Europa

Interior de la cueva de Cudón. / GAEM arqueólogos
Olvidada durante casi un siglo, esta cavidad subterránea en Cantabria ha irrumpido de nuevo en la escena arqueológica 

En las profundidades del municipio de Miengo, bajo la carretera que une Requejada con Cudón, se esconde una de las joyas arqueológicas más singulares y menos conocidas de Cantabria: la Cueva de Cudón. A pesar de su incalculable valor patrimonial, esta cavidad ha permanecido durante décadas en un segundo plano, opacada por otros enclaves más populares como Altamira o El Soplao. Sin embargo, recientes investigaciones, redescubrimientos públicos y una jornada de puertas abiertas celebrada el 12 de julio han devuelto al primer plano este enclave excepcional.

Una cueva con historia y misterio

La Cueva de Cudón fue descubierta en 1929, aunque ya a principios del siglo XX algunos arqueólogos habían señalado su potencial. Su apertura inicial y las primeras excavaciones desvelaron la existencia de un yacimiento arqueológico en el vestíbulo, con restos del Paleolítico Medio, Paleolítico Superior y fases históricas posteriores, como la época visigótica y la Edad Media. En su interior se han hallado también materiales de la Segunda Edad del Hierro.

La cavidad posee más de 2 kilómetros de desarrollo, repartidos en dos niveles: uno fósil y seco, de grandes proporciones y fácil acceso, y otro más profundo, recorrido aún por el agua. Su geografía interna, con techos lisos, paredes amplias y salas bien ventiladas, la convierte en un entorno ideal para la conservación de manifestaciones artísticas prehistóricas.

El arte del silencio: aniconismo paleolítico

Lo que hace especial a esta cueva no es únicamente su tamaño o su antigüedad, sino el enigmático conjunto de representaciones rupestres que guarda en su interior. Se han documentado más de 700 signos y grabados datados en el Paleolítico Superior, en su mayoría pertenecientes al Auriñaciense y Gravetiense, es decir, entre los 30.000 y 24.000 años de antigüedad.

Lo sorprendente es que, a diferencia de otras cuevas donde predominan las figuras animales como bisontes o ciervos, Cudón no contiene casi ningún motivo figurativo. En su lugar, predominan manchas de color rojo, líneas paralelas, trazos sueltos, puntos agrupados, grabados digitales (los conocidos como macarroni) y formas abstractas y simbólicas. Esta ausencia de representaciones figurativas ha sido interpretada como un caso de aniconismo, es decir, una corriente artística que evita deliberadamente la representación de seres reconocibles, centrando su expresión en lo simbólico y lo espiritual.

Entre las escasas figuras reconocibles se encuentran un prótomo de caballo pintado en rojo, la cabeza de un ciervo grabado y una mano en negativo, soplada en la pared de la cueva con pigmento rojo, posiblemente a modo de firma o símbolo ritual.

El redescubrimiento reciente y su apertura al público

Después de años cerrada al público, la Cueva de Cudón volvió a abrir sus puertas el pasado 12 de julio de forma excepcional. La convocatoria organizada por el Ayuntamiento de Miengo atrajo a más de 300 personas inscritas en menos de 24 horas, de las cuales solo 60 pudieron acceder, repartidas en cuatro grupos.

Durante la visita, los asistentes pudieron explorar el interior de la cueva guiados por personal especializado, accediendo a una de las zonas más profundas donde se concentran los paneles de pinturas. El contraste entre la calurosa jornada estival en el exterior y el ambiente húmedo y fresco del interior, con una temperatura que desciende bruscamente, forma parte de una experiencia sensorial que refuerza la conexión con el pasado más remoto de la humanidad.

Esta jornada, que tuvo un éxito rotundo, ha reavivado el interés institucional y ciudadano por la cueva. El Ayuntamiento de Miengo ya ha manifestado su intención de solicitar nuevas fechas de visita para el mes de septiembre, antes de que las lluvias otoñales dificulten el acceso. Se estudia la posibilidad de incluir la cavidad en rutas culturales permanentes dentro del patrimonio arqueológico regional.

Una joya del patrimonio cántabro aún por descubrir

La Cueva de Cudón no es sólo una galería con arte rupestre. Es, ante todo, un testimonio de la diversidad simbólica y cultural de los pueblos prehistóricos que habitaron la cornisa cantábrica. Su riqueza artística, su configuración natural y su excelente estado de conservación la convierten en un enclave único para entender no solo cómo vivían, sino cómo pensaban, sentían y representaban su mundo quienes habitaron esta tierra hace más de 25.000 años.

Pese a ello, la cueva sigue sin formar parte de las principales rutas turísticas o científicas de Cantabria. La falta de difusión, la escasa inversión institucional y el olvido administrativo han mantenido en la sombra este valioso recurso. El reciente impulso ciudadano y la divulgación de los estudios más actuales podrían, sin embargo, cambiar su destino.

Hoy, la Cueva de Cudón se perfila como un espacio de enorme potencial arqueológico y educativo, y como un lugar privilegiado para el estudio del arte simbólico más primitivo del ser humano. Un patrimonio que no puede permanecer olvidado por más tiempo y que merece el reconocimiento, la protección y la admiración que ya disfrutan otras cuevas de la región.