'El alcalde de Zalamea' hace justicia en el Palacio de Festivales
El Palacio de Festivales de Cantabria se convertirá este viernes, 11 de abril de 2025, a las 19:30h, en tribunal del alma colectiva. Sobre sus tablas resucita uno de los grandes monumentos dramáticos del Siglo de Oro español, 'El alcalde de Zalamea', de Pedro Calderón de la Barca, en una producción impecable firmada por la Comunidad de Madrid para los Teatros del Canal.
Una tragedia de poder y dignidad en pleno siglo XXI
Calderón, nuestro dramaturgo de lo eterno, vuelve a interrogarnos. ¿Qué significa el honor? ¿Dónde comienza y termina el abuso de poder? ¿Qué se nos exige como ciudadanos conscientes ante la injusticia? En esta obra inmortal, escrita en el siglo XVII pero terriblemente vigente, el autor nos obliga a mirar de frente la herida abierta de la violencia y el eco persistente del abuso institucional.
José Luis Alonso de Santos, adaptador y dramaturgo de referencia, lo expresa sin rodeos:
"Este texto convierte al espectador en jurado de una sociedad que aún hoy tropieza con los mismos horrores: la violación como crimen estructural, la justicia como esperanza frágil, la dignidad humana como terreno en disputa.”
Pedro Crespo, el alcalde que desafió al poder
“El alcalde de Zalamea” no es solo una pieza teatral; es un juicio simbólico. En el personaje de Pedro Crespo, labrador elevado a alcalde por necesidad del destino, se encarna la voz de la justicia popular frente a la impunidad del poder militar. Crespo no ejecuta venganza: impone ley cuando el Estado se desentiende, nos recuerda que el honor no pertenece a las élites, y que la justicia, cuando es verdadera, habita en la conciencia ética del pueblo.
Una escenografía que impacta, una interpretación que conmueve
La puesta en escena contemporánea que nos llega desde los Teatros del Canal está construida con una sobriedad cortante. El espacio se vuelve juicio, la luz es revelación, los silencios gritan. La dirección escénica juega con los ritmos internos del verso calderoniano, con una precisión quirúrgica que deja al espectador sin escapatoria: es imposible no tomar partido.
El montaje nos arrastra desde la poesía hacia la ética, desde el Siglo de Oro hacia la grieta del presente.