20 jóvenes vecinos podrán entrar en la cueva de Altamira cada año

Urtasun y Buruaga, entre otros, en la neocueva de Altamira con motivo del Patronato. / EP

La cueva de Altamira, joya del arte rupestre en Cantabria, permitirá desde 2026 el acceso anual a 20 jóvenes empadronados en Santillana del Mar

La cueva de Altamira, considerada la Capilla Sixtina del arte rupestre, abre una nueva etapa de acercamiento vecinal. A partir de 2026, un total de 20 jóvenes empadronados en Santillana del Mar podrán acceder anualmente a la cueva original tras cumplir los 18 años, según ha acordado el Patronato de Altamira, en una medida que no altera el actual régimen de acceso limitado a 260 personas por año.

Una medida de vinculación cultural sin impacto en la conservación

Esta decisión histórica, anunciada por el ministro de Cultura, Ernest Urtasun, y la presidenta cántabra, María José Sáenz de Buruaga, busca fortalecer el sentimiento de pertenencia de los vecinos hacia este emblema del patrimonio prehistórico.

Altamira también es de quienes la viven más cerca”, ha enfatizado Urtasun, en referencia a una medida que pretende conectar las políticas culturales con sus territorios.

La selección de los jóvenes beneficiarios correrá a cargo del Ayuntamiento de Santillana, que establecerá un sistema —probablemente un sorteo— bajo criterios de transparencia, y siempre respetando los protocolos de conservación vigentes.

Conservación y acceso: el equilibrio inamovible

La decisión del Patronato se ha tomado tras constatar que el estado de conservación de las pinturas se mantiene estable, según los últimos informes técnicos. El sistema actual, restringido desde 2002 y reabierto en 2014 con condiciones muy limitadas, se mantendrá sin alteraciones.

Actualmente, el acceso a la cueva está reservado a personas inscritas en la lista de espera cerrada en 2002, cuando se suspendieron las visitas por riesgo de deterioro. Hasta ahora, se han procesado las primeras 720 solicitudes de aquella lista.

Es increíble que haya personas esperando desde hace más de 20 años para entrar. Pero es la única forma posible de equilibrar el derecho de acceso con la necesidad de preservar un bien único”, recordó el ministro.

Buruaga destaca el valor pedagógico y simbólico de la medida

La presidenta regional, María José Sáenz de Buruaga, ha defendido la iniciativa como una forma de reforzar los vínculos culturales y de identidad de los jóvenes con su entorno.

“Fomentar el compromiso con Altamira es formar defensores de nuestro patrimonio”, afirmó.

Si bien ha reconocido que le gustaría extender esta experiencia a toda la juventud de Cantabria, ha admitido que el margen de acción es mínimo para no interferir en las condiciones de conservación.

Dos desbloqueos históricos para Altamira

La reunión del Patronato también ha servido para resolver dos asuntos largamente estancados:

  1. Cesión de dos fincas (10.000 m²) propiedad del Gobierno cántabro para la ampliación del museo y la construcción de un almacén, en una zona fuera del área protegida.

  2. Declaración del entorno de Altamira como Zona Arqueológica, paso necesario para aprobar el futuro plan especial de protección, con implicaciones científicas y preventivas.

“Con Altamira, riesgo cero”, sentenció Buruaga, aludiendo a proyectos previos descartados por riesgo geológico.

El centro UNESCO y la inversión estatal refuerzan el valor estratégico del enclave

En el plano institucional, tanto Buruaga como Urtasun han confirmado que el proyecto del Centro Internacional de Arte Rupestre (ICRART) sigue su tramitación para convertirse en Centro Categoría 2 de la UNESCO, lo que implicará investigación, formación y cooperación internacional en arte rupestre.

Además, el Gobierno central destinará 1,1 millones de euros en 2025 para renovar la iluminación de la neocueva, mejorar accesos, desarrollar modelado digital BIM y adquirir nuevo suelo para preservar el entorno.

Un legado que trasciende generaciones

Desde su primera edición en 1978, Altamira simboliza no solo un hito artístico, sino un activo pedagógico y de identidad para Cantabria. Esta nueva apertura limitada a jóvenes locales no solo evita poner en peligro su integridad, sino que revitaliza la conexión emocional y cultural con las nuevas generaciones.