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El “ojo azul” de Cantabria: la piscina natural secreta que no está en ninguna guía turística y recomienda National Geographic

Bajo los acantilados de Cantabria y lejos del bullicio turístico, una piscina natural casi perfecta está dejando sin palabras a quienes se atreven a buscarla
Islares es un rincón de Cantabria del cual cada vez disfruta más gente. / A.S.
Islares es un rincón de Cantabria del cual cada vez disfruta más gente. / A.S.

Entre abruptos acantilados, espuma marina y silencios rotos solo por el vaivén de las olas, Cantabria guarda un rincón tan sorprendente como hermoso. Un enclave escondido junto a la playa de Las Arenillas, en Islares (Castro Urdiales), que, sin carteles ni señales, ha conseguido entrar por la puerta grande en los paisajes más espectaculares de España. Tanto es así, que National Geographic lo ha bautizado como el “ojo azul” de Cantabria, por su parecido —aunque a escala menor— con el célebre Blue Hole de Belice.

Lo más sorprendente es que este paraje no está oficialmente clasificado como piscina natural ni aparece señalizado en Google Maps con ningún nombre concreto. Se trata de una formación geológica que ha ganado protagonismo en redes sociales y portales de viajes gracias a su impactante belleza: una poza casi circular que, vista desde el aire, parece trazada con compás.

De puerto a paraíso natural

La historia de este lugar es tan curiosa como su fisonomía. Antiguamente fue un pequeño puerto, que al quedar en desuso y prohibirse el amarre de embarcaciones, comenzó a transformarse por efecto del mar en una piscina natural. El oleaje y las mareas fueron modelando su silueta hasta conformar una especie de ojo azul entre el mar y las rocas, protegido por un espigón.

Solo es accesible durante la bajamar, por lo que su visita requiere algo de planificación. Pero el esfuerzo merece la pena. Sus aguas tranquilas, de un color turquesa que hipnotiza, lo convierten en un auténtico remanso para quienes buscan bañarse lejos de las multitudes y cerca de la naturaleza más pura.

Belleza casi virgen

La discreción del lugar, que no figura en guías turísticas ni cuenta con infraestructuras formales, ha contribuido a mantener su carácter casi virgen. No hay duchas ni socorristas, pero sí mucho respeto por parte de quienes acuden a bañarse. A su alrededor se extienden restaurantes como el Rompeolas o el Rocamar, el camping Playa Arenillas y hasta un pequeño recuerdo bélico: el búnker de Sonabia, herencia de la Guerra Civil. Frente a esta piscina natural se alza también Isla Cercada, un islote que refuerza el atractivo visual de la zona.

Un rincón que recuerda al Caribe

El paralelismo con el famoso Blue Hole de Belice, una sima marina de forma perfectamente circular y aguas intensamente azules, no es casual. Aunque en Cantabria no encontramos arrecifes ni corales tropicales, la intensidad del azul, la forma perfecta de la poza y el entorno natural hacen que la comparación no resulte desmedida.

National Geographic no ha dudado en incluir este enclave entre los tesoros ocultos del norte de España. Su inclusión en esta prestigiosa publicación ha incrementado el interés del público general, aunque quienes conocen bien la zona esperan que este descubrimiento no traiga consigo una masificación que altere su equilibrio actual.

Quien desee acercarse hasta este lugar debe tener en cuenta que el acceso es libre pero no señalizado, por lo que se recomienda consultar bien la ubicación y acudir con respeto hacia el entorno. El momento ideal para disfrutar de este “ojo azul” es durante la bajamar, cuando la poza queda más visible y se puede acceder con mayor seguridad.

El agua, aunque fría como corresponde al Cantábrico, es cristalina, y el baño en esta especie de piscina secreta se convierte en una experiencia sensorial incomparable. Hay que tener en cuenta que no es un espacio habilitado para el baño tradicional, por lo que se recomienda precaución, calzado adecuado para roca y no adentrarse en zonas peligrosas.

En un verano donde lo auténtico, lo silencioso y lo singular ganan enteros frente a lo masificado, lugares como este “ojo azul” de Cantabria se alzan como un tesoro geológico, natural y emocional. A tan solo unos kilómetros de Castro Urdiales, escondido junto a Las Arenillas, espera una pequeña joya circular tallada por la naturaleza… y ahora, también por la curiosidad del mundo.

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