Si vas a Laredo y no comes aquí, te estás perdiendo lo mejor del norte
Si estás buscando dónde comer bien en Cantabria sin arruinarte, este restaurante de Laredo es una apuesta segura. Rabas, mejillones, cachopos y postres caseros elaborados con mimo en una carta que pone en valor lo mejor del producto local
En el corazón de Laredo, sin alardes ni pretensiones, se esconde un restaurante que rinde homenaje a lo que de verdad importa en la cocina: el producto. Su nombre es El Túnel, y quienes lo descubren no suelen olvidarlo. No por su sofisticación —porque no la necesita—, sino por su honestidad gastronómica, su respeto por el origen y ese ambiente cercano que hace que todo sepa un poco mejor.
Mariscos y pescados del Cantábrico. Carnes de vaca Tudanca. Recetas de toda la vida. Y una bodega amplia. Esa es la fórmula de El Túnel. Una casa de comidas con alma, de las que escapan de las modas pasajeras y apuestan por el sabor auténtico, por lo que da la tierra y el mar más próximo.
Desde su local de la calle Menéndez Pelayo, 48, El Túnel se ha ganado un hueco entre los imprescindibles de la villa pejina. Es el típico sitio que los locales recomiendan sin pensarlo: por sus rabas crujientes, sus mejillones con salsa de tomate picante, sus huevos rotos con jamón ibérico o foie, sus pescados del día a la plancha, y por supuesto, por el cachopo de vaca Tudanca, una joya de sabor que habla de Cantabria bocado a bocado.
Del mar… lo mejor del Cantábrico
La carta es un paseo por la costa. Aquí los mariscos y pescados frescos no son una promesa, sino una realidad que llega cada día desde el puerto. Rabas auténticas, gambitas fritas con su salsa secreta, caracolillos, navajas, almejas a la marinera, pulpo gallego o en vinagreta, percebes según mercado. Y como no, anchoas artesanas del Cantábrico en dos versiones: normal o XL.
También hay sitio para clásicos revisitados con cariño: boquerones en vinagre, ensaladas de ventresca del Bonito del Norte, y una amplia selección de ensaladas con ingredientes nobles como el jamón ibérico, el salmón, el aguacate o el mango.
El broche de oro marino lo pone el apartado de pescados frescos a la plancha, con especies nobles como lubina, rodaballo, jargo, cabracho, besugo o San Martín. Todos cocinados con mimo y acompañados por la "preve" de la casa, una guarnición con identidad propia.
En tierra firme, la joya de la Tudanca
Pero si hay una protagonista en la parte cárnica de la carta, esa es la vaca Tudanca. Criada en los valles cántabros con pasto natural y clima atlántico, esta raza autóctona es poco conocida fuera de la región, pero muy valorada por su sabor intenso y su crianza respetuosa. En El Túnel la celebran como se merece: con una chuleta de Tudanca al peso (59 €/kg), un solomillo jugoso y un cachopo generoso de 500 gramos, o su versión XL de hasta 750 gramos, perfecto para compartir —o no—.
La carne de Tudanca puede tener una textura más firme, pero ofrece un sabor profundo y honesto, como si masticaras la historia de Cantabria. Es una carne de ganadería artesanal, de montaña, de paciencia. Y eso se nota en el plato.
Platos que reconfortan
El Túnel también propone una cocina que arropa: croquetas caseras de jamón, carne de cocido o cecina, patatas con dos salsas (brava y alioli), pimientos verdes fritos, o sus ya célebres huevos rotos con múltiples variantes: con jamón, con morcilla de Burgos, con pisto de verduras o con foie y cebolla confitada.
El precio medio ronda los 22 euros por persona con agua, una relación calidad-precio honesta para la frescura del producto y la calidad del servicio, siempre atento, rápido y cercano.
Y para el final, postres con acento cántabro. La tarta de queso horneada es un clásico cremoso y dulce. Pero si quieres probar algo realmente diferente, pide la tarta de hojaldre de Torrelavega, con ese relleno de crema de mantequilla que lleva a muchos a repetir.
Un sitio para volver… sin ruido, pero con alma
El Túnel no presume, pero convence. Es uno de esos lugares donde todo está bueno, donde se cuida el detalle sin aspavientos, y donde te sientes bien. No es cocina de autor, pero sí de producto, de origen, de raíces.
Hay que reservar si quieres asegurarte una mesa, especialmente en fines de semana o festivos. Porque cuando un restaurante trabaja con el corazón, el boca a boca es su mejor publicidad.
En Laredo, entre mar y prado, El Túnel es un refugio para quien busca comer con sabor a verdad.