Éxito de participación en la Pasión Viviente de Cantabria
Miles de personas asisten en Castro Urdiales a una de las representaciones más emblemáticas de la Semana Santa en España
Con la solemnidad de un rito ancestral, Castro Urdiales volvió a ser el epicentro de una de las expresiones más conmovedoras de la Semana Santa en Cantabria. La Pasión Viviente, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, se celebró este Viernes Santo con una afluencia multitudinaria y una puesta en escena impecable, que consagra este evento como un baluarte de la identidad cultural cántabra.
Desde la explanada de la iglesia de Santa María hasta los acantilados de La Atalaya, el casco antiguo fue transformado en un escenario a cielo abierto. Más de 700 actores, todos vecinos voluntarios, recrearon con un realismo estremecedor los principales pasajes del Evangelio, desde la Última Cena hasta la Resurrección.
Un pueblo entero convertido en teatro
El acto comenzó a las 10:20 horas bajo un cielo despejado y un suave viento, condiciones que favorecieron el desarrollo de las primeras escenas: la Última Cena, la Oración en el Huerto y la traición de Judas. Alejandro Calvo, en su segunda vez interpretando a Jesús, entregó una actuación sobrecogedora, marcada por un dramatismo físico real: los latigazos que recibió durante la flagelación fueron auténticos.
“Cada golpe que recibo es parte del mensaje que queremos transmitir: la entrega, el sacrificio, la humanidad de Jesús”, declaró Calvo, de 30 años. A su lado, María del Carmen Chagartegui, su madre en la vida real, dio vida a la Virgen María, generando una emoción adicional en las escenas finales. Roberto Liendo encarnó a San Juan, mientras que Cristina Muñoz interpretó a Herodías con imponente presencia.
Escenarios con alma y pasión
Las distintas escenas recorrieron enclaves emblemáticos de la villa: el juicio ante Poncio Pilatos se representó en el templo que corona Castro; el Vía Crucis, acompañado por miles de fieles, serpenteó por las calles empedradas, mostrando cada caída, cada mirada entre Jesús y su madre, cada gesto de dolor y compasión.
La Crucifixión se llevó a cabo a primera hora de la tarde en La Atalaya. Allí, el silencio del público fue total. “La lanza del soldado romano clavada en el costado de Jesús dejó helado al auditorio”, narró una espectadora visiblemente emocionada.
Organización, seguridad y excelencia escénica
El operativo de seguridad, desplegado por DYA Cantabria, fue clave para garantizar el desarrollo sin incidencias graves. Se movilizaron tres ambulancias, un vehículo de intervención rápida y una embarcación, atendiendo a 24 personas y realizando dos traslados leves.
Además del personal médico, el evento contó con un dispositivo de apoyo logístico, vestuario artesanal y un diseño de iluminación que permitió una visibilidad óptima en todas las escenas, realzando el impacto visual de cada acto.
Una celebración que impulsa el turismo y la economía local
El efecto de la Pasión Viviente trasciende lo religioso. La ocupación hotelera rozó el 100%, los restaurantes colgaron el cartel de completo y el comercio vivió uno de sus mejores fines de semana del año. Se estima que el impacto económico superó los 600.000 euros, dinamizando la economía local de manera notable.
“Este tipo de eventos son vitales para mantener vivo el tejido cultural y económico de nuestra región”, señaló la consejera de Cultura y Turismo, Begoña Gómez del Río, quien participó en los actos y subrayó el valor patrimonial de esta manifestación cultural.
Un legado que se renueva con cada generación
Desde su creación en 1985 por el sacerdote Luis Campuzano, apodado 'Sandalio', la Pasión de Castro no ha dejado de crecer. Hoy es una de las representaciones más significativas del norte de España, un ejemplo de cómo la tradición se puede mantener viva gracias al compromiso intergeneracional.
“No hay filtros, ni maquillajes digitales. Aquí se respira verdad, respeto y comunidad”, escribió un columnista de la sección de Opinión de Alerta. Cada año, nuevas generaciones se suman al proyecto, manteniendo el espíritu original intacto mientras perfeccionan la puesta en escena.
Un compromiso que no cesa
Castro Urdiales ha vuelto a demostrar que cuando la fe se une a la voluntad de un pueblo, el resultado es arte, tradición y comunidad en estado puro. La Pasión Viviente 2025 deja imágenes imborrables y un mensaje: la identidad se defiende con acciones, no con palabras.
Ya se mira a 2026 con esperanza. Porque en este rincón del Cantábrico, la historia se vive cada año con más fuerza, más verdad y más pasión.