Este municipio de Cantabria alberga el castillo de Juana la Loca
Según la tradición local, Juana la Loca, la reina de Castilla, fue encerrada en este castillo durante su reclusión, aunque no hay pruebas históricas que respalden esta versión. Esta historia ha perdurado en la memoria colectiva de los habitantes del lugar, y se ha añadido otra leyenda que habla de un túnel secreto que conecta el castillo con la iglesia de San Juan. Curiosamente, una leyenda similar también circula en otros pueblos de Cantabria, e incluso en el Hospital Valdecilla, donde se dice que existe un túnel que conecta los antiguos pabellones con la Residencia Cantabria.
Sin embargo, el nombre oficial de este edificio es el Palacio del Infantado, o también conocido como Palacio del Condestable. A pesar de las leyendas, lo que sí es cierto es que este palacio ha estado en ruinas desde el saqueo de los corsarios franceses en 1639. Desde entonces, el palacio ha sido testigo del paso del tiempo y de los estragos que la historia ha dejado en sus muros.
Historia y arquitectura del Palacio del Infantado
La construcción del Palacio del Infantado comenzó en la segunda mitad del siglo XIV, bajo la dirección de Juan Sánchez de Oño. De todo el conjunto original, sólo la torre oeste se ha conservado hasta nuestros días, destacando por su planta cuadrada y su tejado a cuatro aguas. Esta torre, de clara función defensiva, muestra una estructura asimétrica y sus pequeños huecos y ventanas reflejan las necesidades de protección de la época. En su parte superior, se puede ver un escudo con la cabeza de un león, símbolo de la nobleza.
En 1401, el palacio fue vendido a Juan de Velasco y, posteriormente, en el siglo XVI, la familia Alvarado lo recuperó, añadiendo el cuerpo central y la torre este, transformándolo en lo que hoy conocemos como un palacio. Este último tiene una fachada palaciega con grandes ventanales simétricos. En el balcón sobre el portón principal se encuentra el escudo de la familia Alvarado, con el símbolo de un yelmo que denota la infanzona o nobleza de segunda categoría. En una de las esquinas de la torre este se observa otro escudo, aunque actualmente está desgastado y resulta difícil identificar los detalles.
El palacio fue construido utilizando mampostería, con la excepción de las esquinas y las ventanas que se realizaron en sillería de piedra arenisca, lo que le da un carácter robusto y defensivo. Su tipología, formada por dos torres unidas por un cuerpo bajo, sigue el modelo tradicional de la casa noble o palacio cántabro.
El estado de conservación y su uso actual
Hoy en día, el palacio se encuentra en un estado de deterioro lamentable. Sus tejados se encuentran hundidos y la estructura interna ha quedado prácticamente destruida, salvo las paredes que aún permanecen en pie. En una de las torres, el suelo de madera está tan deteriorado que casi no queda nada de su estructura original. La acción del vandalismo, las plantas invasivas como las hiedras y las zarzas, y la falta de conservación han contribuido a su ruina.
Aunque en décadas pasadas varias partes del palacio fueron utilizadas como viviendas y cuadras, hoy en día el Palacio del Infantado sigue siendo una propiedad privada. La falta de mantenimiento y el paso de los años han dejado una huella profunda en este monumento, que ahora solo puede ofrecer una imperfecta pero intrigante visión de lo que alguna vez fue.
Este enigmático lugar, envuelto en leyendas e historia, sigue siendo un testigo mudo de la evolución de Colindres y de las huellas que los siglos han dejado en su patrimonio arquitectónico. Aunque el palacio ya no se encuentra en su mejor momento, sigue siendo un importante recordatorio de la riqueza histórica y cultural de Cantabria.