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En este rincón de Cantabria se cazaban ballenas en el siglo XIII

Uno de los rincones de Castro Urdiales. / A.S.P
En la Edad Media, un rincón de Cantabria ya cazaba ballenas con precisión milimétrica. Hoy es un destino turístico, pero entonces era vanguardia marítima 

Mucho antes de que las factorías balleneras marcaran el paisaje del País Vasco o las expediciones vascas alcanzaran Islandia, el litoral cántabro ya había tomado protagonismo en la historia marítima peninsular. En el siglo XIII, Castro Urdiales contaba con ordenanzas balleneras, lo que lo convierte en uno de los primeros puertos de caza de ballenas del Cantábrico.

Este dato documentado sitúa a la villa castreña en la vanguardia de una actividad que, durante siglos, sería fundamental en la economía y cultura del norte de la Península Ibérica.

Ordenanzas medievales que anticiparon una industria clave

Las ordenanzas balleneras de Castro Urdiales son un testimonio excepcional de la temprana organización del trabajo marítimo en la Edad Media. Estas normas regulaban desde el reparto de la carne y el aceite hasta las condiciones de trabajo de los marineros, reflejando una estructura cooperativa avanzada y un conocimiento profundo del mar y sus recursos.

El puerto de Castro Urdiales, abierto al mar Cantábrico y protegido por su bahía natural, ofrecía las condiciones ideales para esta actividad, que requería embarcaciones robustas, maniobras precisas y un sistema logístico para procesar y almacenar los productos derivados de las ballenas, como el aceite para lámparas o los huesos para herramientas.

Un legado que sobrevive en los nombres y en la piedra

Aunque la caza de ballenas desapareció hace siglos, su huella permanece viva en Castro Urdiales. Algunos topónimos locales, como “La Atalaya” —lugar donde se avistaban los cetáceos— o referencias al “muelle de la ballena”, evocan aquellos tiempos de alerta constante frente al horizonte marino.

Pero también la arquitectura marinera refleja ese pasado: casas de pescadores con acceso directo a los muelles, viejas lonjas, y estructuras defensivas como el castillo-faro de Santa Ana, que vigilaba tanto posibles incursiones como la llegada de las presas desde el mar abierto.

Castro Urdiales, más allá del turismo de verano

Hoy, Castro Urdiales es conocido por su encanto costero, su oferta gastronómica y su patrimonio monumental —con joyas como la Iglesia de Santa María de la Asunción, el castillo medieval o el puente romano—, pero también por ser una villa con profundo ADN marinero.

La historia ballenera es una de esas capas ocultas que enriquecen la experiencia de quienes visitan la ciudad no solo por su playa o su paseo marítimo, sino por su historia viva, grabada en piedra y sal.