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Este mirador medieval en Cantabria lleva siglos vigilando el mar (y casi nadie lo conoce)

Las vistas desde la torre. / A.S.P

En lo alto de un acantilado, entre la bruma del Cantábrico, se esconde uno de los secretos mejor guardados de la región: un mirador medieval que fue torre de vigilancia y que hoy ofrece vistas que quitan el aliento

Cantabria, tierra de acantilados, ermitas y leyendas marineras, conserva en su litoral un rincón de singular valor histórico y paisajístico: el paredón de la Torre de San Telmo, una antigua atalaya defensiva del siglo XIV ubicada en los acantilados junto a la Playa de Santa Justa, en las inmediaciones de Ubiarco, dentro del municipio de Santillana del Mar.

Este vestigio medieval, conocido también como Mota Justa, forma parte de un conjunto patrimonial que incluye la ermita de Santa Justa, y ofrece uno de los paisajes costeros más emblemáticos y fotografiados de la región. Sin embargo, su deterioro ha llegado a un punto crítico: corre el riesgo real de derrumbe si no se actúa de inmediato.

Un mirador medieval al borde del abismo

Lo que hoy se conserva de esta torre de planta cuadrada son solo dos lienzos de muro parcialmente en pie, dispuestos en ángulo recto, con ventanas ojivales que miran hacia el mar. Su ubicación estratégica evidencia su función original como atalaya de vigilancia costera, integrada en el sistema defensivo que protegía el litoral cántabro frente a incursiones piratas o conflictos bélicos.

La torre debe su nombre a San Telmo, patrón de los navegantes, vinculado desde la Edad Media a esta costa por la tradición oral que le atribuye milagros en favor de marineros durante tormentas. No obstante, el mismo lugar también recibe el nombre de Santa Justa, en honor a la santa titular de la ermita adyacente. El enclave, por tanto, conjuga devoción religiosa, historia y paisaje natural en una de las zonas más visitadas por senderistas y peregrinos del Camino de Santiago.

En la Lista Roja del Patrimonio desde 2020

A pesar de su importancia histórica, la Torre de San Telmo presenta un estado alarmante de ruina. Desde 2007, numerosos colectivos culturales y vecinales han advertido del peligro estructural que amenaza al edificio. En 2020, la situación alcanzó un punto de inflexión cuando la asociación Hispania Nostra la incluyó en su Lista Roja del Patrimonio, que enumera monumentos españoles con grave riesgo de desaparición.

La evaluación recogía que "las grietas son cada vez mayores y comienzan a desprenderse piedras en ambos paramentos", lo que hace prever un desplome inminente si no se interviene de forma urgente. Se trata de un bien protegido por la Ley 16/1985 de Patrimonio Histórico Español y por el Decreto del 22 de abril de 1949, lo que obliga a las administraciones a velar por su conservación.

Silencio institucional y clamor popular

Hasta la fecha, ninguna institución ha promovido un plan de restauración integral. Asociaciones culturales, historiadores y defensores del patrimonio reclaman una intervención que garantice la seguridad y recuperación de este elemento singular, cuya desaparición supondría una pérdida irreparable para el legado histórico de Cantabria.

El clamor popular crece ante la pasividad institucional, máxime cuando la Torre de San Telmo no solo es un testimonio medieval, sino un símbolo identitario que conecta con la historia marítima de la región.

Una oportunidad para el turismo patrimonial

Expertos en restauración insisten en que aún es posible consolidar los restos y rehabilitar este enclave como punto interpretativo del litoral medieval cántabro, incorporándolo a rutas de senderismo, cicloturismo y turismo cultural.

La Torre de San Telmo representa una oportunidad única para revalorizar el patrimonio rural y costero, diversificar la oferta turística de Santillana del Mar y mantener viva la memoria de un pasado ligado al mar, a la vigilancia y a la fe popular.

Mientras las olas siguen golpeando los acantilados y el viento sopla entre las ruinas, la torre resiste… pero no lo hará por mucho más tiempo si no se actúa.