Descubre la senda fluvial más bonita de Cantabria (y una de las mejores de España)
Entre Muñorrodero y Camijanes se esconde una de las sendas fluviales más bellas de España. Apta para todos los públicos y con rincones espectaculares, la Senda Fluvial del Nansa es el plan perfecto para descubrir la naturaleza cántabra a otro ritmo
Cantabria esconde rincones que parecen sacados de una postal, y entre ellos destaca una ruta que ha sido reconocida como una de las diez sendas fluviales más bonitas de España. Se trata de la Senda Fluvial del Nansa, un recorrido natural de siete kilómetros que serpentea junto al río, cruzando bosques, pasarelas de madera, cascadas y cuevas. Un auténtico paraíso al aire libre para disfrutar en familia, con amigos o incluso con los más pequeños de la casa.
Un paseo entre vegetación, agua y madera
El itinerario comienza en el pueblo de Muñorrodero y finaliza en Camijanes, aunque también puede hacerse en sentido inverso. El trazado es muy accesible, apto para todas las edades y niveles físicos, lo que lo convierte en un plan perfecto para cualquier día en Cantabria.
Durante el paseo, caminarás por caminos de tierra y hierba, que se alternan con pasarelas de madera suspendidas sobre el río Nansa. A medida que avanzas, la vegetación se vuelve más densa y envolvente, regalando una experiencia inmersiva donde parece que la naturaleza abraza al visitante.
A mitad de camino, la ruta ofrece sorpresas espectaculares: pequeñas cascadas, una cueva natural y numerosos rincones mágicos donde detenerse y respirar la calma del bosque.
Una ruta con historia y tradición
La Senda Fluvial del Nansa forma parte de la red de espacios protegidos de Cantabria y también es uno de los tramos destacados del Camino Lebaniego, ruta de peregrinación que conecta con el Camino de Santiago a través del Monasterio de Santo Toribio de Liébana.
Pero además de su valor espiritual, esta senda tiene una fuerte conexión con la historia local: antiguamente, era el camino utilizado por los pescadores para acceder a los mejores tramos del río y lanzar sus cañas en busca de truchas y salmones. Más tarde, sirvió como conexión entre Muñorrodero y la central hidroeléctrica de Trascudia, y con el tiempo se amplió hasta Cades.
Un entorno natural de postal
El recorrido está salpicado por hayedos, praderas y fauna local, donde no es raro cruzarse con alguna vaca tudanca pastando tranquila. Las vistas son impresionantes durante todo el trayecto, y las pasarelas de madera con cuerdas que atraviesan los tramos más estrechos añaden un toque de aventura sin renunciar a la seguridad.
Además, la ruta está bien señalizada y su mantenimiento permite que se pueda disfrutar en cualquier época del año. Sin grandes pendientes ni tramos peligrosos, es una opción ideal para disfrutar del paisaje cántabro sin necesidad de una gran preparación física.