viajando por cantabria

Playas, historia y marisco: así es un día en el rincón más especial de Cantabria

Puerto de San Vicente de la Barquera. / A.S.
Desde su icónico castillo hasta su exquisito arroz con bogavante, este espacio cántabro es un auténtico paraíso por descubrir

Comenzar el día en San Vicente de la Barquera es sumergirse en siglos de historia. Lo ideal es llegar temprano y aparcar cerca del Puente de la Maza, el acceso más icónico a la villa. Desde aquí, la vista es inmejorable: la ría, las barcas de colores reflejadas en el agua y, al fondo, los imponentes Picos de Europa.

El recorrido empieza en la Puebla Vieja, el casco histórico que aún conserva su trazado medieval. Subiendo por sus calles empedradas, la primera parada es el Castillo del Rey, una fortaleza construida en el siglo XIII con vistas panorámicas sobre el puerto y el mar. La entrada es asequible y permite conocer la historia defensiva de la villa a través de sus exposiciones.

Siguiendo la ruta, la Iglesia de Santa María de los Ángeles se alza sobre la colina como testigo del pasado gótico de la región. Declarada Bien de Interés Cultural, su interior alberga impresionantes sepulcros tallados en piedra y un majestuoso retablo. Desde este punto, es fácil imaginar el bullicio de los comerciantes y marineros que, siglos atrás, convirtieron a San Vicente en un enclave clave del Corregimiento de las Cuatro Villas de la Costa.

Antes de bajar hacia el puerto, merece la pena hacer una parada en la Torre del Preboste, antigua sede del cobrador de impuestos y prisión medieval. Desde aquí, la vista de la ría es espectacular, especialmente cuando la marea está alta.

Mediodía: marisco y sabores del Cantábrico

El aire marino despierta el apetito y San Vicente de la Barquera es el lugar ideal para disfrutar de la gastronomía cántabra. En el puerto, varios restaurantes ofrecen menús con el mejor pescado fresco.

El plato estrella es el arroz con bogavante, aunque el sorropotún—guiso marinero de bonito con patatas— es otra excelente opción. Para quienes prefieren algo más ligero, unas anchoas de Santoña con queso de Cantabria o unas rabas crujientes acompañadas de un buen vino blanco pueden ser la elección perfecta.

Tarde: naturaleza y playas infinitas

Después de comer, nada mejor que un paseo para descubrir los paisajes naturales que rodean la villa. A pocos minutos en coche, el Parque Natural de Oyambre ofrece uno de los entornos más bellos del litoral cantábrico. Sus marismas y dunas conforman un ecosistema protegido, hogar de numerosas especies de aves migratorias.

La ruta continúa hacia la Playa de Merón, un extenso arenal dorado ideal para caminar descalzo mientras las olas del Cantábrico acarician la orilla. Los más aventureros pueden aprovechar para tomar una clase de surf, ya que esta zona es conocida por sus olas constantes y su ambiente deportivo.

Para quienes buscan un rincón más tranquilo, la Playa de Oyambre es una excelente alternativa. Aquí, el viento y el mar se funden en un paisaje de postal, donde el tiempo parece detenerse.

Atardecer: el faro y el encanto marinero

El mejor lugar para despedir el día en San Vicente de la Barquera es el Faro de Punta Silla. Construido en 1871, su ubicación ofrece una vista privilegiada del litoral y del puerto pesquero. La brisa marina y el sonido de las gaviotas acompañan la caída del sol en el horizonte.

Antes de marcharse, una última parada en el Santuario de la Barquera permite descubrir la leyenda de la Virgen de la Barquera, cuya imagen, según la tradición, llegó a la villa en una embarcación sin tripulación, convirtiéndose en la patrona del lugar.

Con su equilibrio perfecto entre historia, gastronomía y paisajes naturales, San Vicente de la Barquera ofrece una experiencia única en el norte de España. Ya sea recorriendo sus calles medievales, degustando los sabores del mar o contemplando el Atlántico desde sus playas, esta villa marinera deja una huella imborrable en cada visitante.