antes del turismo de sombrilla

La playa cántabra que fue hospital marino para la élite

Vista de Comillas, Cantabria. / A.S.

Mucho antes del surf, los castillos de arena y las toallas al sol, esta playa cántabra era un destino médico exclusivo | Sus olas no solo refrescaban: se creía que curaban

Mucho antes de convertirse en lugar de sombrillas, vacaciones familiares y surf, la playa de Comillas fue valorada como un entorno terapéutico de primer orden. A partir de la segunda mitad del siglo XIX, y en línea con la moda europea de los “baños de ola”, Comillas se convirtió en un destino médico para la élite urbana española, gracias a las cualidades físicas y ambientales de su arenal.

La práctica del baño marino con fines curativos no era un capricho, sino una recomendación médica extendida, especialmente para tratar enfermedades nerviosas, reumatismos, problemas respiratorios y de la piel. Se creía —y se argumentaba con base científica de la época— que el yodo del agua, el aire marino y el choque térmico de las olas producían efectos regeneradores en el cuerpo.

Comillas, con su playa abierta, de arena fina y orientación norte, reunía las condiciones ideales. No fue casualidad que las primeras familias influyentes que llegaron —entre ellas, la del propio Marqués de Comillas— lo hicieran buscando beneficios médicos para sus hijos y parientes.

Las primeras casetas y baños reglados

Las “bañeras” (casetas móviles de baño), introducidas en España en los años 1860 y 70, también llegaron a Comillas. Permitían a las damas y caballeros cambiarse en privado y acceder al agua sin exponerse públicamente, arrastradas por caballos hasta el borde del mar. Los baños eran programados, breves y bajo vigilancia, lo que revela su función claramente terapéutica, no recreativa.

Un informe publicado en 1882 por el médico cántabro Marcelino Berzosa, recoge Comillas como uno de los “puntos salubres costeros del norte”, junto con Santander, Zarautz y Biarritz. Se refería a su “aire rico, siempre batido por el norte, y el carácter calmo de su población”.

Turismo por prescripción médica

Durante las décadas siguientes, la playa de Comillas fue frecuentada por veraneantes que llegaban por recomendación médica, especialmente desde Madrid y el País Vasco. Esta condición de balneario marino discreto y elitista se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX.

Las postales de época muestran paseos por la arena, casetas pintadas con rayas, y notas de prensa que hablaban de “los baños de las cuatro”, es decir, la franja horaria indicada para la inmersión breve.

No fue hasta después de la Guerra Civil —ya en los años 50 y 60— cuando la función curativa quedó relegada al turismo generalizado, impulsado por la mejora de las comunicaciones y el auge del ocio familiar.

Hoy, pocos visitantes saben que esta playa, sencilla y abierta, fue durante décadas una especie de “hospital natural”, donde la ciencia, la naturaleza y la costumbre se dieron la mano. Recuperar esta historia no es un gesto de nostalgia, sino una forma de mirar con respeto la relación histórica entre paisaje, salud y cultura.