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Pinturas invisibles, fósiles y un legado enterrado: así es la otra Altamira de Cantabria

Camino hacia la Cueva del Agua. / A.E

Descubierta en 1909 y situada muy cerca de la mundialmente famosa Altamira, la Cueva de Las Aguas es uno de los yacimientos más intrigantes de Cantabria. Entre pinturas casi invisibles, restos óseos y cerámicas, esta cavidad continúa sorprendiendo a arqueólogos más de un siglo después

A menos de seis kilómetros en línea recta de la internacionalmente conocida Cueva de Altamira, en un entorno privilegiado del occidente cántabro, se esconde uno de los tesoros más infravalorados del patrimonio arqueológico español: la Cueva de Las Aguas. Aunque su nombre pueda sonar a misterio, su importancia es bien conocida en los círculos científicos, especialmente desde la publicación en 2016 del monográfico Los Tiempos de Altamira, una obra monumental que sintetiza décadas de investigación prehistórica en esta región del norte de España.

Un hallazgo centenario con eco en Altamira

Fue en febrero de 1909 cuando Herminio Alcalde del Río, una de las figuras pioneras de la arqueología española, descubrió esta cavidad. No quiso dejar espacio a dudas: firmó su hallazgo en las paredes con carbón, como testimonio ineludible. Su descubrimiento se convirtió en objeto de estudio de figuras como Henri Breuil y Lorenzo Sierra, y acabó recogido dos años después en la influyente obra Les Cavernes de la Région Cantabrique (1911).

Allí ya se documentaban figuras de bisontes rojos parcialmente grabados, signos en forma de parrilla, puntos dentro de un fósil de almeja e inscripciones simbólicas, además de cerámicas prehistóricas, huesos y restos de lapas, hallados en el vestíbulo de entrada. Todo ello guardaba notables paralelismos con Altamira, lo que dio pie a teorías sobre posibles conexiones entre ambas poblaciones en la época Magdaleniense.

Investigación intermitente, hallazgos constantes

Tras un largo parón de casi 40 años, los camineros de la Diputación Provincial retomaron las excavaciones a mediados del siglo XX. Encontraron más materiales magdalenienses y fragmentos cerámicos de la Edad del Bronce, aunque parte de estos hallazgos, depositados en el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC), han desaparecido con el tiempo.

Las siguientes décadas fueron testigos de nuevas incursiones arqueológicas. En los años 80, César González Sainz y Manuel González Morales, desde la Universidad de Cantabria, reinterpretaron figuras y descubrieron otras inéditas, confirmando que la cueva aún tenía mucho que contar. Ya en el siglo XXI, grupos como el CAEAP (Colectivo para la Ampliación de Estudios de Arqueología Prehistórica) y el gabinete GAEM encontraron más arte parietal, reafirmando el potencial del enclave.

El arte de observar lo invisible

La historia de Las Aguas refleja una evolución en la forma de mirar las cuevas prehistóricas. De la búsqueda inicial de figuras monumentales se ha pasado a un análisis más minucioso, centrado en pigmentos y restos casi borrados por el paso del tiempo. Esta nueva mirada ha dado grandes frutos en yacimientos como El Pendo o Monte Castillo, y Las Aguas no parece ser una excepción.

En este sentido, los paralelismos con Altamira no son solo una anécdota geográfica. El hallazgo de materiales análogos en ambas cuevas sugiere que podrían haber formado parte de un mismo sistema de asentamientos prehistóricos, conectados por rutas, relaciones sociales y prácticas culturales comunes.

Un futuro aún por excavar

A pesar de más de un siglo de estudios, la Cueva de Las Aguas sigue siendo un yacimiento con mucho potencial inexplorado. Su posición estratégica y sus características geológicas, junto al valor de las piezas halladas, la convierten en un candidato ideal para futuras campañas arqueológicas más exhaustivas.

No hablamos solo de proteger el pasado: hablamos de comprender mejor nuestra historia común, de redibujar el mapa de la prehistoria en Cantabria y de seguir haciendo que las cuevas cántabras no solo guarden secretos milenarios, sino que también sean protagonistas del presente cultural.