¿Conocías la única ermita oculta en los acantilados de Cantabria que desafía el poder del mar?

Ermita de Santa Justa y Torre de San Telmo. / Red X
La mezcla de naturaleza salvaje, espiritualidad y la cercanía del océano hacen de esta ermita un símbolo de la resiliencia y la conexión de Cantabria con su costa

La ermita de Santa Justa, ubicada en un escarpado acantilado de la costa cántabra frente al mar Cantábrico, es una de las reliquias arquitectónicas más singulares y emblemáticas de Cantabria. Construida en el siglo XVI, esta pequeña iglesia, dedicada a la mártir Santa Justa, se encuentra en una cueva natural, tallada en la roca por la erosión marina y los siglos de historia. Atrae a numerosos visitantes y peregrinos que, además de buscar un espacio de paz y devoción, se encuentran con un paisaje espectacular y con una conexión única entre el mar y la tierra.

El acceso a la ermita se realiza a través de un camino serpenteante que desciende desde las verdes colinas cántabras hasta la costa. Este sendero fue recientemente mejorado en 2022 por el Gobierno de Cantabria, que invirtió en la restauración de una senda de unos 260 metros que atraviesa una ladera hasta llegar al acantilado donde se sitúa la ermita. Gracias a esta intervención, la senda litoral facilita el acceso a la ermita y permite a los visitantes disfrutar del recorrido rodeados de naturaleza. En días despejados, el camino ofrece vistas inigualables del mar azul golpeando las rocas y del propio edificio, que parece surgir de la cueva como una extensión más del paisaje.

La historia de la ermita de Santa Justa es tan apasionante como su ubicación. Aunque la actual construcción data del siglo XVI, se cree que en su lugar hubo una primera ermita en el siglo XII, posiblemente construida como lugar de refugio y oración para los habitantes de la zona y peregrinos del Camino del Norte, quienes la consideraban un enclave de protección y espiritualidad. Con el tiempo, y debido a su ubicación tan expuesta a los elementos, la ermita ha sufrido el embate de fuertes temporales que, en ocasiones, han causado daños significativos. Uno de los episodios más recordados fue el temporal de 2014, que destrozó parte del coro y obligó a la ermita a permanecer cerrada durante cuatro años, hasta que fue restaurada gracias a una inversión de 52.000 euros por parte de la Consejería de Cultura.

La estructura de la ermita es sencilla pero muy evocadora. Su interior, pequeño y oscuro, alberga un coro de madera, una pila bautismal y un altar presidido por un crucifijo. Aunque su diseño es austero, el entorno la convierte en un espacio verdaderamente especial. Al estar situada en una bóveda natural, las paredes y el techo presentan humedades y marcas de la erosión, una especie de “pago” por su cercanía al mar. La fuerza del Cantábrico se siente todos los días en la ermita, y durante los temporales, las olas llegan a golpear la base de la edificación y a veces hasta la puerta. 

La ermita de Santa Justa no solo es un lugar de interés turístico, sino que también es un espacio de devoción religiosa para los habitantes de la región. Cada año, el 19 de julio y el lunes de Pentecostés, se celebran misas en honor a Santa Justa y Santa Rufina, las santas patronas de Sevilla a quienes se dedica esta ermita. Estas celebraciones atraen a fieles y turistas que acuden para rendir homenaje a las santas y disfrutar de la solemnidad del lugar. Durante estos días, la ermita se convierte en un punto de encuentro entre la tradición local y los visitantes, y se puede sentir el respeto y el afecto de la comunidad por este lugar sagrado.

El entorno de la ermita también es uno de sus grandes atractivos. Situada cerca de la playa de Santa Justa, un espacio natural de aguas cristalinas y ambiente recóndito, la ermita ofrece una vista privilegiada del paisaje costero cántabro. La playa es popular entre quienes buscan un lugar tranquilo para disfrutar de la naturaleza y el mar, y muchos visitantes quedan sorprendidos por la combinación de la ermita y el entorno.

El patrimonio histórico de Ubiarco no se limita a la ermita de Santa Justa. A pocos metros sobre la ermita, en la cima del acantilado, se encuentran los restos de la Torre de San Telmo, una antigua torre vigía construida en el siglo XIV para defender la costa de posibles incursiones. Este torreón, aunque reducido a ruinas, añade un toque medieval al paisaje y ofrece una perspectiva histórica sobre la importancia de esta costa en épocas pasadas. En su conjunto, la ermita y la torre representan siglos de historia y de convivencia entre el hombre y la naturaleza en un entorno especialmente agreste.

La ermita de Santa Justa es, sin duda, uno de los lugares más especiales y mágicos de Cantabria, y la comunidad local se siente profundamente orgullosa de ella. A medida que el turismo crece y cada vez más personas descubren este rincón oculto,  es de vital importancia proteger y conservar el lugar para que las generaciones futuras también puedan disfrutar de su belleza.