TURISMO

El rincón de Cantabria que sedujo a un rey y cambió su historia para siempre

Vista general de Comillas. / A.S.P
 En una pequeña villa costera del norte de Cantabria, el verano de 1881 marcó un punto de inflexión

Lo que hasta entonces era una tranquila villa marinera en la costa occidental de Cantabria, se transformó radicalmente en el verano de 1881 cuando el rey Alfonso XII eligió pasar allí sus vacaciones. Aquella decisión real marcó un antes y un después en la historia de Comillas, catapultando a la localidad a convertirse en uno de los destinos más codiciados por la nobleza y la alta sociedad española de finales del siglo XIX.

Un destino inesperado para la realeza

La elección de Comillas como lugar de veraneo no fue casual. Detrás de ella estaba Antonio López y López, Marqués de Comillas, un influyente empresario y benefactor nacido en la localidad que había hecho fortuna en América. Fiel aliado de la corona y figura destacada del movimiento indiano, el marqués no escatimó esfuerzos para atraer al monarca a su villa natal, presentándole la belleza natural de la zona, su suave clima atlántico y las posibilidades de descanso lejos del bullicio de Madrid.

Gracias a su influencia, Alfonso XII no solo visitó Comillas, sino que residió allí durante semanas, alojándose en el Palacio de Sobrellano, uno de los primeros ejemplos del modernismo arquitectónico en España. Esta residencia palaciega, rodeada de jardines y con vistas al mar, se convirtió en el epicentro de una nueva etapa para la villa.

Efecto inmediato: el nacimiento de un nuevo Comillas

La presencia del rey causó un efecto inmediato: la aristocracia española, fascinada por el nuevo enclave real, comenzó a construir sus propias residencias de verano en la zona. Palacetes, casas de estilo indiano y edificios modernistas empezaron a poblar el perfil urbano de Comillas. La villa dejó de ser una comunidad pesquera para convertirse en un referente arquitectónico y social, donde el arte, la cultura y el poder político se entrelazaban en los veranos del norte.

Además, Comillas se convirtió en una de las primeras localidades en España en contar con alumbrado eléctrico público, otro hito modernizador impulsado por el marqués y celebrado por la alta sociedad que llegaba cada año.

Universidad, arte y modernismo: legado del verano de 1881

Fruto de ese impulso aristocrático y espiritual, se construyó la Universidad Pontificia de Comillas en 1890, destinada inicialmente a formar sacerdotes para misiones en América Latina. Junto a este centro de saber surgieron obras emblemáticas como El Capricho de Gaudí, el Cementerio modernista o el Panteón de los Marqueses, convirtiendo a Comillas en un enclave único en España donde conviven historia, arquitectura y mar.

Hoy, pasear por Comillas es recorrer una villa donde cada piedra y cada calle habla del verano real de 1881, cuando un rey, una visión y una comunidad decidieron que el futuro podía construirse entre acantilados, arte y modernidad.

Un destino eterno de elegancia

A más de un siglo de aquel verano, Comillas mantiene su esencia aristocrática, aunque más abierta y accesible al visitante. Su historia es un ejemplo de cómo un pequeño pueblo del norte de España pudo convertirse en una joya arquitectónica y cultural, todo gracias a la visión de un marqués y a la presencia del rey Alfonso XII.